La indefinición peronista, la kriptonita de Milei
El Gobierno le ha dado al peronismo una dosis extra de la comida que más le gusta y más lo alimenta: la posibilidad de mantener la ambigüedad y la indefinición sin tener que estar urgido a enfrentar sus propias contradicciones.
Una verdadera kriptonita para la necesidad de Javier Milei de despejar incógnitas y proveer certidumbre.
En medio de una eterna disputa interna casi imposible de resolver, a las tribus del movimiento nac&pop les está llegando tiempo y oxígeno para demorar resoluciones y mantener abiertas todas las preguntas, gracias los tropiezos del oficialismo y la dificultad que muestra la estabilidad macroeconómica para transformarse en bienestar mayoritario.
Justo cuando a la política argentina más le reclaman certezas los que pueden generarle inestabilidad .
La agitación del fantasma “kuka” o la instalación de la posibilidad del regreso del peronismo, que suele blandir Milei, termina siendo un dilema para él y su administración cada vez más difícil de resolver.
Por un lado, opera como un arma para mantener apoyos político-electorales de todo el espectro no peronista de la ciudadanía, pero sobre todo el de aquellos que aún sin identificarse como antis, no quieren y temen un regreso al pasado del realismo mágico-trágico peronista y que pueden definir una elección.
Mucho más que los convencidos.
Por otro lado, la asignación al peronismo de una potencia electoral vigente capaz de devolverlo al poder funciona a modo de amenaza para su gestión y su proyecto reeleccionista.
Espanta o paraliza a inversores o tomadores de decisiones económicas que dudan sobre el escenario político y legal que enfrentará su dinero en el mediano y largo plazo .
Y ya se sabe que el capital tiene aversión al riesgo.
La imposibilidad de aislar audiencias y la capacidad performática de las palabras del jefe del Estado son un gran límite para las distintas construcciones de sentido que pretende generar en receptores diversos.
Aunque muchas de las promesas presidenciales están siendo desmentidas por la realidad, todavía lo que diga el Presidente tiene un valor.
Mucho más si de sus dichos se desprende una admisión de que él y su modelo económico pueden no alcanzar sus objetivos, ser derrotados y revertidos .
Sobre todo, cuando todavía faltan 14 meses para que esa incógnita se devele.
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