Cómo alumbró la tercera estrella para las Leonas en Mundiales y la comparación con los otros dos títulos
Todas en fila rumbo al podio, comenzaron a saltar en una danza de la alegría, en puntas de pie y al grito clásico de “¡Dale campeón!”, agitando los brazos hacia arriba y abajo.
Felices, radiantes, plenas.
En esa fiesta, varias de las Leonas bailaban con banderas argentinas anudadas al cuello, mientras que las neerlandesas, con los ramos de flores en sus manos, las esperaban desde el segundo escalón con la mirada perdida.
El contraste: pura euforia del seleccionado femenino nacional, campeón del Mundial de hockey sobre césped, y angustia de las gigantes naranjas , las que venían acaparando todos los títulos y parecían invencibles.
A veces, tarde o temprano, irrumpe un nuevo shock del deporte argentino.
Un hito que rompe con el statu quo y quiebra el orden prestablecido en el calendario internacional.
Esta vez fueron las Leonas, que se consagraron ante Países Bajos al igualar 1 a 1 en el tiempo regular (gol de María José Granatto) e imponerse 3 a 1 en la definición por penales, tras la última ejecución de Sofía Cairó, una especialista de sangre fría que también abrochó la medalla de bronce en París 2024, en esa dinámica de intentar meter el gol a la carrera y en ocho segundos.
Por fin las chicas rompieron el estigma: Países Bajos era una barrera imposible de superar desde hacía 16 años, porque la Oranje se empecinaba en arruinar ilusiones tanto en mundiales como en Juegos Olímpicos.
Como si se tratara de una norma inalterable, el equipo de ranking N° 1 terminaba derrotando siempre al del ranking N° 2.
Parecía que la lógica debía prevalecer ante todo.
Después de innumerables jornadas de entrenamiento, partidos, nuevas tácticas y charlas en los últimos años -incluso, soportando goleadas en contra-, las Leonas pudieron estrechar las diferencias que las separaban de sus eternas rivales.
Y terminaron dando el golpe en el mismísimo templo del hockey mundial, en el Wagener Stadium de Amstelveem, en una superficie sintética que las chicas no pudieron probar en todo el certamen; una desventaja organizativa.
No existe examen más complicado; sin embargo, lo hicieron.
Es una consagración que disfruta toda la familia del hockey, desde los clubes de todo el país hasta las escuelitas y los colegios asociados con este deporte.
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