Indígenas colombianos wounaan: desplazados por la guerrilla y sin colegio por el terremoto
Nicole Andrea Vargas Buenaventura (Colombia), 3 sep (EFE).- Los indígenas colombianos wounaan recuerdan dos momentos de terror en su historia reciente: el desplazamiento forzoso que vivieron hace trece años por miedo al reclutamiento de la guerrilla y el terremoto de este 10 de agosto, que destruyó la escuela de la comunidad y dejó a los niños sin educación.
Las 35 familias que integran el cabildo Jooin garim chaain, ubicado en una zona rural de Buenaventura, el puerto más importante del Pacífico colombiano y una de las regiones más pobres del país, vivían ya en una situación precaria cuando el temblor de magnitud 7,4 destruyó su único colegio y los dos pozos sépticos que utilizaban como baños.
El líder de los wounaan, Oliverio Perdiz, cuenta a EFE que el terremoto les dejó secuelas psicológicas por el temor de que la tierra vuelva a temblar, algo que nunca antes habían experimentado.
“El sismo nos ha afectado en la alimentación, en vivienda, empleos, en la parte social.
No hay espacio para que los niños puedan divertirse.
Por ahora los niños no están pasando clases por daños en la escuela y por daños de pupitres y falta de útiles escolares”, afirma.
María Alejandra Celis, gerente de emergencia del Consejo Danés para Refugiados (DRC, por sus siglas en inglés) en Colombia, organización que entregó ayudas a este pueblo indígena, explica que esta comunidad es una de las varias que fueron doblemente afectadas por la emergencia.
"Son zonas que históricamente han tenido presencia de grupos armados y también disputas por control territorial (…).
Las personas que atendemos están en medio de esta crisis, que al final ellos saben resolver.
Lo que hace el terremoto es, obviamente, agravar toda la situación en la que están, los deja más desprotegidos", afirma Celis.
La comunidad Jooin garim chaain contaba con un solo colegio antes del terremoto.
La infraestructura estaba armada de forma rústica, con tablas de madera y láminas de plástico que servían como paredes.
El temblor provocó daños en la estructura y destruyó pupitres, por lo que las clases se suspendieron y los niños quedaron plenamente al cuidado de los adultos.
Los fundadores de la comunidad, Juancito Perdiz y Elvira Negría, ambos de 69 años, relatan a EFE que vivieron momentos de terror cuando tembló la tierra y “todo se empezó a desbaratar”, una experiencia que les recordó el fuego cruzado entre grupos armados ilegales que los obligó a huir de su territorio hace trece años.
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