Las mujeres migrantes temporeras sufren mayor exposición a violencia, barreras sanitarias y precariedad, según la SEE
La Sociedad Española de Epidemiología (SEE) ha advertido de que las mujeres migrantes temporeras agrícolas en España sufren mayor exposición a violencia y acoso, menos libertad de movimiento y cuentan con equipos de protección individual inadecuados, lo que impacta directamente sobre su salud física y mental.
El Grupo de Trabajo de Género, Diversidad Afectivo-Sexual y Salud de la SEE, en colaboración con el Grupo de Trabajo de Determinantes Sociales de la Salud, ha realizado un análisis interseccional por género y nacionalidad para comparar las desigualdades entre hombres y mujeres migrantes que trabajan de forma temporal en el campo.
Dicho análisis señala que, aunque ambos sexos comparten situaciones estructurales de precariedad laboral y social, las mujeres migrantes contratadas en origen asumen una carga desproporcionada de riesgos específicos.
Entre ellos, destacan la segregación de tareas, la dependencia del empleador, las barreras para acceder al sistema sanitario, el riesgo de violencia y acoso, y las dificultades para ejercer derechos fundamentales.
Mientras que las mujeres se concentran principalmente en labores de recolección y manipulado, los hombres predominan en tareas de carga, poda, conducción de maquinaria, aceituna o vendimia.
Esta división también se refleja en los riesgos laborales: las mujeres están más expuestas a tareas repetitivas, posturas forzadas, equipos de protección individual no adaptados y riesgos específicos durante el embarazo y la lactancia.
En los hombres, predominan los accidentes traumáticos, la sobrecarga física intensa y los riesgos asociados a maquinaria o transporte.
LAS MUJERES SUFREN UNA MAYOR EXPOSICIÓN AL CONTROL En el documento elaborado por la SEE, los expertos subrayan que la vivienda es uno de los principales factores de vulnerabilidad para las mujeres migrantes temporeras.
En muchas ocasiones, el alojamiento está vinculado al empleador, lo que puede aumentar la dependencia, el control social y la exposición a situaciones de acoso o violencia sexual.
Y es que, aunque existe la obligación legal de contar con protocolos de prevención, afirman que su aplicación continúa siendo insuficiente.
Además, advierten de que la presencia de mujeres en asentamientos informales y viviendas precarias está aumentando.
En el caso de los hombres temporeros, se identifica una mayor presencia en asentamientos y albergues, con riesgos asociados a la falta de agua, saneamiento, seguridad y condiciones adecuadas.
BARRERAS PARA ACCEDER A LA ATENCIÓN SANITARIA El análisis también recoge que existen barreras que dificultan la atención sanitaria de las personas migrantes temporeras.
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