Qué es el síndrome del tigre, el trastorno felino que convierte a los gatos en depredadores de sus dueños
El llamado “síndrome del tigre” en gatos de departamento describe episodios de agresividad asociados a ansiedad en espacios cerrados, sobre todo cuando carecen de estímulos, presentan hambre y canalizan sobre sus dueños su impulso de caza .
En una entrevista publicada por GEO , la veterinaria Laetitia Barlerin explicó un caso reciente relacionado con Mimi, una gata de 3 años cuyos dueños afirmaron que casi los mata.
Este trastorno afecta a algunos gatos que no pueden salir al exterior: el animal puede pasar de la calma al ataque y comportarse como un depredador con las personas con las que convive, al lanzarse sobre piernas, manos o brazos dentro de la vivienda.
El vínculo con la agresividad La veterinaria señaló que estos animales suelen ser vistos como agresivos, aunque en realidad atraviesan una situación de malestar, y explicó que cuando esto ocurre estamos frente a un ejemplar ansioso.
Una de las causas frecuentes es que el felino haya pasado sus primeras semanas o años en un entorno con acceso al exterior.
Allí podía perseguir insectos, observar otras criaturas y moverse en un ambiente más variado, y luego, al ser trasladado a un departamento, queda en un lugar sin esos estímulos.
La especialista recordó que el gato tiene picos naturales de actividad al amanecer y al anochecer, cuando necesita cazar.
Si durante el día permanece en un espacio donde “nada se mueve”, la única presencia activa en esos momentos puede ser su dueño.
El problema suele agravarse por la alimentación: el felino tiene un comportamiento de ingesta fraccionada y, en condiciones naturales, remarcó que haría numerosos consumos pequeños a lo largo del día.
Cuando recibe comida solo por la mañana y por la noche, puede quedar con hambre durante horas.
El deterioro del vínculo puede agravar el cuadro Barlerin indicó que la combinación entre hambre y falta de estímulos genera tensión y aumenta la excitación del animal.
En ese contexto, las agresiones a pies o manos pueden intensificarse y resumió ese proceso con una frase: “El aburrimiento genera frustración, la frustración genera ansiedad”.
La reacción de los dueños también puede empeorar la situación, ya que si la persona grita, lo empuja o golpea tras un ataque, el gato no comprende esa respuesta y puede empezar a temerle.
A partir de allí, según la veterinaria, la agresividad deja de estar ligada solo a la depredación y pasa a incorporar un componente de miedo.
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