Los exilios de Carlos Alonso: cómo la ausencia de Paloma moldeó su obra en Europa y su retiro en Córdoba
Escribir sobre el exilio de Carlos Alonso significa internarse en una experiencia que no fue solamente geográfica.
No consistió simplemente en abandonar la Argentina, cruzar el océano y establecerse durante algunos años en Europa.
Para Alonso , el exilio fue una herida que se superpuso con otra todavía más profunda: la desaparición de su hija Paloma .
Y quienes compartimos aquellos años con él en Madrid pudimos comprender que desterrarse no significa únicamente perder un país.
Significa también sentir que una parte de uno mismo ha quedado suspendida en el lugar del que fue expulsado.
Carlos abandonó la Argentina después del golpe militar de marzo de 1976.
Su compromiso político y la naturaleza de su obra hacían peligrosa su permanencia en el país.
Su pintura nunca había sido indiferente a la realidad.
La violencia, el poder, la carne sometida, el sufrimiento y las formas mediante las cuales unos hombres ejercen dominio sobre otros estaban presentes desde mucho antes de la dictadura.
Primero se instaló en Italia.
En Roma consiguió un contrato con una importante galería y continuó trabajando.
Pero en 1978 ocurrió aquello que modificaría definitivamente su vida: su hija Paloma fue secuestrada en la Argentina.
Desde ese momento el exilio adquirió otro significado.
Ya no se trataba solamente del artista perseguido que había debido abandonar su patria.
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