“La cosa está que arde”, el cantito que describe un clima de época
Las urgencias asfixian y las deslealtades aparecen, entonces se acepta ese espíritu ventajero que le da espesor al engaño.
“El fútbol es para los vivos”, disparan.
Como si allí encontrara refugio la impunidad.
La simulación de faltas, la intimidación para pedir una tarjeta, la supuesta sagacidad para adelantarse en una barrera y hasta los desembozados pedidos de incentivación en realidad revelan que existe terror de ser considerado un ingenuo en la Argentina.
Las canchas son arenas despiadadas.
Y afuera están los desaforados espectadores, dueños de la aceptación o la condena.
Ese monstruo anónimo de mil cabezas es el César y hace lo que se le antoja con su pulgar.
Los límites se corren y alumbran como se extiende la enfermedad.
Cuando al seleccionado argentino Sub 19, que empataba 0-0 con Perú en las semifinales de los Juegos Suramericanos, muchos hinchas empezaron a cantarles “jugadores, la c… de su madre, a ver si se dan cuenta que no juegan con nadie” , la sinrazón mostró otra de sus caras.
Cruel, virulenta, ridícula.
No tuvieron mejor idea que insultarlos, descalificarlos.
Asfixiarlos con el escarnio cuando más aliento necesitaban para intentar llegar a jugar por la medalla dorada.
Nada importó que esos chicos lucieran los colores que desde hace un tiempo le permiten inflar el pecho a un sector de la sociedad con conductas desvencijadas y acciones tóxicas .
Las deslealtades y la falta de respeto en todas sus formas se instalaron como una herramienta que habilita a la victoria.
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