“Furia narcisista”: el diagnóstico sobre uno de los acusados por el asesinato de Federico Martín Aramburú
PARÍS.- La tarde de la novena jornada del juicio por el asesinato de Federico Martín Aramburú estalló como una tonelada de dinamita sobre la argumentación del principal acusado.
Llamada al estrado al final del día, la psiquiatra Isabelle Teillet —quien realizó junto al doctor Roland Coutanceau la contrapericia de Loïk Le Priol — desmanteló en apenas unas frases la línea de defensa que se había construido durante meses sobre el trastorno de estrés postraumático del exmilitar.
Se acabó lo del soldado traumatizado que entra en pánico ante el peligro que representarían los jugadores de rugby: “Lo que él tiene es furia narcisista .
No observamos ningún tipo de alteración del discernimiento”, sentenció, trazando el retrato de un hombre que miente, minimiza y manipula su propio diagnóstico según convenga a su interés judicial.
La jornada había comenzado con un tono totalmente distinto.
Habitual de los grandes tribunales, el psiquiatra Daniel Zagury retrató a Loïk Le Priol con pequeñas pinceladas, al estilo puntillista, sin llegar a conectar realmente los puntos: “gran necesidad de expresarse”, “falta de capacidad de introspección”, “se posiciona del lado de la moral”, “grandilocuente”, “avergonzado por su debilidad respecto a sus compromisos militares”.
Recordó además una anécdota casi cómica a la luz de lo que vendría después: su único pasatiempo deportivo, durante sus estudios en un instituto católico que fracasaron rápidamente, era... el rugby.
El acusado le habría confesado haber sentido en la escena del crimen, en el boulevard Saint-Germain, un “reflejo reptiliano”, un “odio verbal” que le hizo sentir que su vida corría peligro, en un contexto “altamente alcoholizado”: se habían detectado 1,93 gramos de alcohol en Federico Martín Aramburú, mientras que Le Priol y Bouvier, que huyeron, nunca fueron controlados.
Mientras el psiquiatra enumeraba sus observaciones —“tendencia a maquillar la situación en su favor, lo cual es distinto de mentir”, “sentimiento de impotencia”, “necesidad de proyectar virilidad, rechazo a la humillación”, “actitud de compadrito”—, Le Priol, con camisa blanca y anteojos de carey, mantenía la cabeza baja, como si fuera indiferente, y tomaba notas.
Ante la pregunta central planteada por el presidente del tribunal —si una posible abolición del discernimiento podría atenuar la culpabilidad—, Daniel Zagury concluyó que existe una alteración “ligera”, vinculada a un síndrome de estrés postraumático contraído por los comandos durante operaciones en el extranjero.
En la escala que mide esa patología, las cifras serían “incuestionables”: 73 sobre 85.
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