Neto Villalobos transforma el duelo en la distopía familiar de 'Amor es el monstruo'
Julio César Rivas Toronto (Canadá), 19 sep (EFE).- La muerte de su madre llevó al director costarricense Neto Villalobos a abandonar temporalmente la comedia y adentrarse en un territorio más oscuro con 'Amor es el monstruo', película presentado en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) que se pregunta hasta dónde puede llegar una persona por alguien a quien ama.
"El proyecto surge como de esta forma de cómo hacer el duelo a partir de mi trabajo", explicó Villalobos en una entrevista con EFE en Toronto, donde reconoció que después de la muerte de su madre no sabía "muy bien cómo lidiar con el dolor" y encontró en el cine una forma de catarsis.
De ese proceso surgió, junto con el coguionista Diego van der Laat Alfaro, la historia de tres generaciones de mujeres y, en particular, la pregunta que vertebra la película: "hasta dónde estaría dispuesta a llegar una abuela por su nieta".
La protagonista es interpretada por la chilena Paulina García, a quien Villalobos considera "el corazón de toda la película".
El director explicó que el punto de partida fue una anécdota real de su madre, que en una ocasión dejó encerrada a su nieta en un automóvil, aunque subrayó que no pretendía hacer una obra autobiográfica.
"Eso para mí es como lo más bonito, o el tributo a ella en cierta forma", señaló.
"Me hubiera encantado que pudiera ver la peli, pero si no se hubiera muerto tampoco habría hecho la peli", explicó.
Villalobos, autor anteriormente de las comedias 'Por las plumas' y 'Cascos indomables', utiliza ahora el suspenso para internarse en los terrenos grises de las relaciones familiares y cuestionar dónde terminan el amor y la protección y dónde comienzan el daño y la transgresión.
"Los límites son muy, muy borrosos y eso es como lo más jodido de las relaciones humanas también", señaló.
Su objetivo, explicó, no es que el espectador apruebe las decisiones de la protagonista, sino que pueda comprenderlas e incluso preguntarse qué haría en su lugar.
"Lo que más me gusta a mí es cuando termino de conectar como con personajes que están haciendo cosas con las que yo no esté de acuerdo, pero que entiendo por qué están haciendo", dijo.
Aunque la historia transcurre en Costa Rica, Villalobos evitó identificarla con un lugar o un momento concreto y construyó lo que denomina una "distopía tropical", un mundo prácticamente sin hombres y poblado sobre todo por mujeres y niños.
"No era hacer una película que uno dijera: 'Ah, ok, Costa Rica', sino inventarme una especie de distopía tropical, atemporal completamente", explicó.
Pero esa distopía, advirtió, está formada por elementos reconocibles de América Latina y puede resultar inquietantemente cercana.
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