Miriam González, psicóloga: “La persona que nunca dice ‘no’ puede sentir un cansancio, problemas digestivos y tensión muscular”
Decir “no” parece una de las respuestas más sencillas del idioma , pero para muchas personas puede resultar extraordinariamente difícil.
Rechazar un plan , negarse a hacer un favor o admitir que no se tiene tiempo suficiente suele venir acompañado por culpa, miedo al conflicto o preocupación por decepcionar a los demás .
El resultado es que terminan aceptando cosas que en realidad no quieren hacer.
El problema aparece cuando esa conducta deja de ser ocasional y se convierte en una forma habitual de relacionarse.
Miriam González, psicóloga del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid , advierte que mantenerse permanentemente disponible puede generar un importante desgaste .
La persona comienza a priorizar las necesidades ajenas mientras las propias quedan siempre para después.
Según la especialista, detrás de esta dificultad puede existir un aprendizaje muy antiguo.
Algunas personas crecieron en ambientes donde negarse provocaba enojo, castigos o rechazo, mientras que mostrarse complacientes generaba aprobación y cariño.
Con el tiempo, el cerebro puede terminar asociando decir “no” con una amenaza para el vínculo .
Ese mecanismo puede mantenerse durante la adultez incluso cuando las circunstancias ya cambiaron.
Ante un pedido, aparece la respuesta casi automática de aceptar primero y preguntarse después si realmente se tenía tiempo , energía o ganas.
De esa manera se construye poco a poco una agenda dominada por las necesidades de otros .
“La persona que nunca dice ‘no’ puede sentir un cansancio continuo, problemas digestivos, tensión muscular o alteraciones del sueño”,(Foto: Adobe Stock) La consecuencia no siempre aparece inmediatamente.
Al principio puede ser únicamente cansancio o fastidio.
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