Acuerdo UE-Mercosur: el desafío de la integración logística y portuaria
(*) Nicolás Soldatich Después de más de dos décadas de negociaciones, el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur desde mayo de 2026 abre una nueva etapa en la relación entre ambos bloques.
Mucho se ha discutido desde ambos lados del atlántico sobre aranceles, acceso a mercados, sectores beneficiados y posibles conflictos derivados de su implementación.
Pero hay otra dimensión que también debemos comenzar a mirar con mayor atención.
Porque una cosa es abrir los mercados y otra, no necesariamente igual, es construir las condiciones para que esos mercados puedan efectivamente conectarse.
Hace muy poco me encontré con un excelente trabajo de la economista española Aida Mora Ayuso , desarrollado desde la Fundación Valenciaport, sobre las oportunidades que abre el acuerdo UE-Mercosur.
Entre otros aspectos, su análisis muestra el papel que podría asumir el sistema portuario español frente a un incremento del intercambio y cómo sus puertos podrían fortalecer su participación en los corredores entre Europa y América del Sur.
Ese artículo me llevó a preguntar si es posible consolidar una integración comercial efectiva cuando persisten diferencias significativas entre las capacidades logísticas, portuarias e institucionales de sus integrantes.
La pregunta no busca cuestionar en nada el acuerdo que tanto tiempo tardo en lograrse, y tampoco supone que Europa y el Mercosur deban poseer infraestructuras idénticas, pero sí, de alguna manera nos obliga a preguntarnos técnicamente hasta qué punto esas diferencias pueden condicionar la posibilidad concreta de aprovechar las nuevas preferencias comerciales.
Esta preocupación me permitió encontrar otro interesante antecedente en el trabajo llevado a cabo en el año 2005 por las economistas Laura Márquez-Ramos e Inmaculada Martínez-Zarzoso , de la Universitat Jaume I de Castellón de la Plana.
Las autoras analizan en una forma muy consistente el comercio bilateral entre países desarrollados y en vía de desarrollo mediante una ecuación de gravedad ampliada.
Además de las variables tradicionales, incorporan en su trabajo, infraestructura de transporte, innovación y distancia tecnológica, factores geográficos, culturales y la pertenencia a diferentes acuerdos de integración, entre ellos el potencial acuerdo de la Unión Europea y el Mercosur, más de veinte años antes de concretarse.
Sus resultados muestran algo especialmente interesante para nuestra discusión, y es que los determinantes del comercio no operan de igual manera en economías con distintos niveles de desarrollo .
La infraestructura y la capacidad tecnológica tienen una incidencia particularmente relevante en los países en vía de desarrollo, como es el caso de los integrantes del Mercosur.
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