Los nuevos síntomas de un deterioro social silencioso en el Conurbano bonaerense
En la provincia de Buenos Aires empezó a tomar forma una preocupación incómoda para el gobierno de Axel Kicillof: el deterioro social avanza por carriles que no coinciden con los indicadores tradicionales de inseguridad .
Los homicidios bajan.
Los asesinatos en ocasión de robo, también.
La estadística más dura del delito no confirma, al menos por ahora, el cuadro de colapso que el oficialismo nacional busca proyectar sobre territorio bonaerense.
Pero eso no trae alivio en La Plata.
Al contrario: obliga a mirar otra zona del problema, la que se mete en los hogares, atraviesa a los jóvenes, roza a la propia Policía y empieza a ofrecerle a las economías criminales nuevas oportunidades de expansión.
Ese es el punto en el que la discusión deja de ser solo policial y se vuelve política.
La acusación de Javier Milei sobre un supuesto “baño de sangre” en Buenos Aires no encuentra correlato en los números de homicidios.
Pero desde la administración de Kicillof tampoco pueden limitarse a responder con esa refutación, porque en los datos que maneja la Provincia aparecen señales que no encajan en la lógica clásica de la inseguridad y que, leídas en conjunto, dibujan un escenario más complejo que una simple baja del delito violento.
La pregunta que sobrevuela al gobierno bonaerense no es si el deterioro social ya se tradujo en una ola de violencia callejera.
Los propios números oficiales no permiten sostener eso.
El interrogante es otro: qué tipo de tensiones se están acumulando mientras ese salto todavía no ocurre, en qué lugares se expresan y hasta dónde pueden crecer si las condiciones materiales siguen deteriorándose.
Una balacera en Fuerte Apache ayudó a ordenar esa inquietud.
El episodio derivó en detenidos y en un operativo policial amplio .
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.infobae.com — el contenido pertenece a Infobae Política.