Los límites biológicos de la longevidad: por qué la ciencia aún está lejos de vencer al envejecimiento
Aunque la expectativa de vida se duplicó en los últimos 150 años gracias a las mejoras en la nutrición, el agua potable y la medicina moderna, la frontera biológica máxima de la especie humana continúa estancada cerca de los 120 años.
La ciencia ha logrado que más personas alcancen edades avanzadas, pero revertir el proceso de envejecimiento exige modificar de forma simultánea los mecanismos de degradación celular que limitan la longevidad .
El caso más documentado es el de Jeanne Calment , la mujer francesa que murió en 1997 a los 122 años .
Desde entonces, ninguna persona ha superado esa marca.
Para rebasarla de forma sostenida, los investigadores deberían modificar procesos biológicos que afectan de manera simultánea a células, tejidos y órganos.
El biólogo estructural Venki Ramakrishnan , ganador del Nobel de Química en 2009, revisó en Scientific American las principales líneas de estudio que buscan retrasar el deterioro físico asociado con la edad.
Su planteo distingue entre prolongar la vida y extender los años de autonomía y buena salud.
La evolución fijó distintos ritmos de envejecimiento La naturaleza muestra que la duración de la vida no responde a una regla única .
Algunos insectos viven apenas unos días; los ratones, cerca de dos años; mientras que las ballenas boreales, los tiburones de Groenlandia y ciertas tortugas pueden vivir durante siglos.
Estas diferencias se relacionan con la forma en que cada especie distribuye sus recursos entre crecimiento, reproducción y mantenimiento del organismo.
Los animales pequeños suelen tener un metabolismo más rápido, se reproducen antes y están más expuestos a depredadores o a la escasez de alimento.
En esas condiciones, la selección natural favorece la reproducción rápida antes que una larga conservación del cuerpo.
En especies grandes, con menos riesgos de depredación y una maduración más lenta, el mantenimiento a largo plazo ofrece mayores ventajas reproductivas.
Aves y murciélagos son una excepción destacada: pueden vivir más que mamíferos terrestres de tamaño similar, en parte porque el vuelo reduce amenazas y amplía su acceso a alimento.
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