Macron, centro de la ira en las pintadas de protestas de París, conmocionada por los daños
Catalina Guerrero París, 18 oct (EFE).- "Es horroroso", comenta este domingo una señora a su marido mientras pasean por una calle adyacente al Palacio del Elíseo ante la visión de cristales rotos, mobiliario urbano quemado y pintadas en escaparates y muros en los que predomina la ira contra el presidente francés, Emmanuel Macron, y el capitalismo y las fuerzas del orden.
"Macron, estamos cerca", "La juventud manda a la mierda a Macron", "Macron, un disparo" o "Volveremos" son algunos de los mensajes que los manifestantes que intentaron el sábado llegar hasta el Palacio del Elíseo, la sede y residencia presidencial, han dejado escritos en los cristales de bancos o marquesinas de buses cercanas, en el distrito ocho de la capital francesa.
Se acercaron al término de la manifestación contra el encarecimiento de la vida que transcurrió desde la plaza de la República y la de Clichy, y se quedaron cerca, a apenas doscientos metros, debido a la acción de las fuerzas del orden, a las que se sumaron unidades especializadas en la lucha urbana, para hacerles frente.
En la zona, donde estaban prohibidas las manifestaciones, se concentraron hasta altas horas de la noche grupos descontrolados de manifestantes violentos que se enfrentaron a las fuerzas del orden en los alrededores del Elíseo, desde la famosa avenida de los Campos Elíseos, hasta la plaza de la Concordia pasando por el barrio de la Iglesia de la Madeleine.
Este domingo, desde primera hora, los servicios de limpieza se afanaban para retirar vallas y otros elementos de obras, así como contenedores de basuras quemados y amasijos de bicicletas de uso público reducidas a escombros por las llamas y usadas como barricadas, en escenas que se asemejaban a escenarios de guerra de guerrillas.
Una violencia desatada que también ha dejado su huella en oficinas bancarias y comercios con cristales rotos, y algunas boutiques desvalijadas, como la de una marca de lujo japonesa en el bulevar de la Madeleine, muy cerca de la mítica sala Olympia, en la que habían dejado escrito: "Subir los impuestos a los ricos".
Unos lemas anticapitalistas, como 'Devolved el dinero', que se multiplicaban por doquier y especialmente en la famosa calle Saint Honoré, que aglutina las tiendas de marcas exclusivas de moda y joyerías de lujo, y donde se podía leer 'Revolución', 'Ecologistas rabiosos, más que ecoansiosos' o 'Denme un martillo", escrito en letras rojas en un escaparate que escapó de la furia.
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