Aprender sigue siendo una habilidad fundamental en la era de la IA
Durante siglos, estudiar fue una forma de acceder a un conocimiento que no estaba disponible para todos.
Había que leer, buscar, preguntar, comparar, equivocarse, volver a empezar y eso exigía tiempo y esfuerzo.
Sin embargo, hoy podemos escribir una pregunta en una pantalla y recibir una respuesta en segundos, incluso sin saber leer ni escribir, alcanza con grabar un mensaje.
La inteligencia artificial puede resumir un libro, traducir un texto, explicar una teoría, proponer ideas, escribir un informe, analizar información o ayudarnos a resolver un problema.
Está incorporándose a nuestras vidas con una velocidad que pocas tecnologías tuvieron antes.
Y frente a esta transformación aparece una pregunta que no es tecnológica, sino profundamente educativa: ¿Para qué estudiar cuando una máquina puede responder por nosotros? La cuestión parece sencilla, pero el tema es profundo.
Una máquina puede almacenar y procesar una cantidad de datos que ningún ser humano podría reunir a lo largo de toda su vida.
Pero, también, a través de la IA podemos obtener una respuesta correcta sin comprender aquello que estamos preguntando, podemos recibir un texto perfectamente escrito sin haber elaborado ninguna de las ideas que contiene o conocer una definición sin entenderla.
El problema aparece cuando dejamos de aprender, cuando la herramienta selecciona, redacta y decide por nosotros.
Y dejar de aprender es renunciar a comprender, a aplicar, a transferir a situaciones nuevas y a hipotetizar, entre otras tantas habilidades del pensamiento.
Utilizar la inteligencia artificial para ampliar nuestras posibilidades puede ser una forma extraordinaria de aprendizaje, pero utilizarla para evitar el esfuerzo de pensar puede producir exactamente lo contrario: una apariencia de conocimiento acompañada de una creciente dependencia.
Por eso, el desafío consiste en preguntarnos qué educación necesitamos en un mundo en el que la tecnología puede hacer cada vez más cosas por nosotros.
Es por eso que es necesario defender la idea que vale la pena estudiar para construir criterio, para aprender a distinguir una afirmación de una evidencia, para descubrir que no toda respuesta es verdadera simplemente porque está bien escrita o parezca verosimil; para formular mejores preguntas o para reconocer nuestros propios errores.
Cuando estudiamos y profundizamos sobre una temática aprendemos a argumentar, a escuchar, a contrastar y cambiar de opinión cuando existen razones para hacerlo.
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