Dejó de producir peras y se diferenció en la fruticultura de la Patagonia: plantó la mitad de sus chacras con estos frutales
En una jornada ventosa en Allen, los aromas de los ciruelos en flor se sienten con fuerza. En la Chacra de La Costa, una de las tres que Marcelo Sánchez tiene en el Alto Valle, algunos lotes se preparan para sumar nuevas variedades de duraznos y pelones mientras el productor revisa que todo esté listo para las fuertes heladas anunciadas para la noche siguiente. Sánchez detiene la camioneta a cada instante, observa, pregunta, da indicaciones. A sus 65 años sigue pendiente de cada detalle de una explotación de 70 hectáreas que tiene una particularidad poco habitual en la región: la mitad de su superficie está destinada a frutas de carozo , un negocio que fue ganando terreno hasta convertirse en el eje de su producción .
La historia de los Sánchez en la chacra comenzó hace más de 100 años, con Manuela Martínez, una inmigrante española que se instaló en Allen . Los primeros pasos fueron con un tambo y luego llegaron los cultivos anuales. Habas, habichuelas y arvejas formaban parte de aquella producción, en la misma tierra que hoy recorre Marcelo.
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