15 grados de desigualdad, la brecha térmica que separa al lujo de las favelas brasileñas
São Paulo, 25 ago (EFE).- En 2020, vecinos de Morumbi, uno de los barrios más ricos de São Paulo, pidieron a la Alcaldía erigir un muro de tres metros de altura para aislar un parque público que se estaba construyendo en el límite con Paraisópolis, la segunda favela más grande de la ciudad.
La pared de concreto finalmente fue rechazada, pero imágenes de satélite revelan que entre ambos barrios ya existe un muro invisible, pero sofocante: una frontera de 15 grados de temperatura.
Mientras en las calles arboladas de Morumbi la temperatura de una tarde de verano ronda los 30 °C, basta con cruzar una avenida para ingresar a esta favela, con más de 58.000 habitantes, y descubrir que la superficie puede alcanzar hasta 45 °C.
Esta disparidad no es casual. Una investigación del Centro de Estudios de la Favela (Cefavela) evidencia que en las 1.359 favelas paulistas, donde viven 1,72 millones de personas en solo el 4 % del territorio urbano, la temperatura media de superficie supera habitualmente los 40 °C.
Victor Nascimento, uno de los investigadores de este estudio, explica a EFE que las viviendas hacinadas de hormigón, los techos de fibrocemento o metal y la falta de ventanas para la ventilación cruzada convierten las casas en “hornos”.
Señala que combatir el calor se vuelve aún más difícil por la falta de servicios básicos de agua y electricidad en muchas viviendas, en las que a menudo se recurre a conexiones clandestinas, lo que imposibilita que los habitantes usen ventiladores o incluso tomen duchas para refrescarse.
Esta precariedad habitacional se suma a los problemas de la planificación urbana. Según el Observatorio del Clima, muchas ciudades toman decisiones "a contramano de la adaptación climática".
La falta de inversión en drenaje pluvial, saneamiento ambiental integral y estructuras sostenibles en las periferias convierte en frágil la gestión de riesgos y deja desprotegidas a las comunidades ante inundaciones, deslaves u olas de calor.
Para la secretaria ejecutiva de la Red de Adaptación Antirracista, Thaynah Gutierrez, el calor extremo en las favelas "profundiza las desigualdades del racismo ambiental".
Precisa que la ciudad sufre una separación entre lo que los investigadores denominan "zonas de sacrificio" en la periferia, desprovistas de árboles e infraestructura básica, mientras que los barrios de mayor nivel socioeconómico disfrutan de equilibrio térmico y vegetación.
"El hecho de que se haya permitido que las periferias se construyeran únicamente con concreto, con lo que los habitantes tenían a mano para construir sus viviendas, hizo que estos espacios resultaran muy inadecuados en el contexto de la crisis climática que estamos enfrentando", dice la especialista.
Para Gutierrez, no es viable "seguir con la narrativa" de que “"a gente ni siquiera debería haber ocupado esos territorios".
"Después de 40 años de ocupación, ya es demasiado tarde para decir que la gente no debería vivir ahí.
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