Seis cambios diarios que pueden ayudar a controlar el azúcar en la sangre
La hemoglobina glicosilada, conocida como HbA1c, es uno de los principales indicadores utilizados para evaluar el control de la glucosa.
A diferencia de una medición puntual de azúcar en sangre, este examen permite obtener una referencia de los niveles promedio de glucosa que una persona ha mantenido aproximadamente durante los últimos dos o tres meses.
Por esta razón, cuando la hemoglobina glicosilada aparece elevada, no necesariamente se debe a lo ocurrido durante un solo día.
Detrás de ese resultado pueden existir aumentos frecuentes de glucosa después de las comidas, poca actividad física, alteraciones en el descanso, resistencia a la insulina o determinados patrones de alimentación.
Aunque las personas con diabetes o prediabetes deben seguir las recomendaciones de sus profesionales de salud, existen hábitos cotidianos que pueden contribuir al control de la glucemia.
La clave está en mantenerlos de manera constante y no buscar resultados inmediatos mediante remedios o dietas extremas. ¿Qué significa tener la hemoglobina glicosilada alta? La HbA1c indica qué proporción de la hemoglobina de los glóbulos rojos tiene glucosa adherida.
Por ello, proporciona una visión más amplia del comportamiento de este azúcar en el organismo y permite identificar si los niveles han permanecido elevados durante un periodo prolongado.
El resultado debe interpretarse de acuerdo con la situación particular de cada persona y no sustituye otros controles indicados por el médico.
En quienes viven con diabetes, por ejemplo, puede utilizarse para valorar si el tratamiento y los hábitos adoptados están permitiendo mantener la glucosa dentro de los objetivos establecidos.
El sedentarismo, una alimentación con exceso de azúcares y harinas refinadas, el estrés constante, el exceso de peso y dormir mal pueden dificultar el control metabólico.
Por eso, modificar diferentes aspectos de la rutina puede ser más efectivo que concentrarse únicamente en un alimento o ejercicio.
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Caminar después de comer Uno de los cambios más sencillos consiste en moverse después de las comidas.
Caminar durante unos minutos puede favorecer que los músculos utilicen parte de la glucosa disponible en la sangre, ayudando a disminuir el aumento que normalmente ocurre después de comer.
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