La CIA y el Vaticano se alían en Moscú para detener la guerra en Ucrania
Moscú, 29 ago (EFE).- La CIA y el Vaticano se aliaron para derrotar al Comunismo en tiempos de la Guerra Fría. Ahora, volvieron a coincidir en Moscú para intentar poner fin a la guerra en Ucrania, el conflicto más cruento que sacude Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Si entonces el papa era Juan Pablo II, religioso anticomunista de origen polaco que colaboró durante largos años con el sindicato Solidaridad, ahora le ha tocado el turno a León XIV, el primer pontífice de origen estadounidense.
La visita del jefe de la diplomacia romana, Paul Richard Gallagher, fue anunciada de antemano, pero la del director de la CIA, John Ratcliffe, fue una completa sorpresa.
Gallagher se reunió el martes con el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, con el que no se veía en persona desde 2021, es decir, antes de la guerra.
Mientras el emisario del Vaticano se reunía con Lavrov, un avión militar Boeing C-17 aterrizaba en Moscú procedente de una base estadounidense.
Como las anteriores visitas de los mediadores estadounidenses, Steve Witkoff y Jared Kushner, nunca habían sido secretas, el pasajero número uno de dicho avión sólo podía ser Ratcliffe.
El último jefe de la CIA en visitar Moscú fue William Burns en noviembre de 2021, cuando intentó convencer a Putin de que renunciara a sus planes de invadir Ucrania.
Por ello, saltaron todas las alarmas. La prensa estadounidense especuló con que Ratcliffe, una persona de total confianza del presidente de EE.UU., Donald Trump, habría advertido a Putin contra un posible ataque contra la OTAN.
Más aún cuando The Washington Post aseguró que el líder ruso está convencido de que el fiasco de la operación militar en Irán ha debilitado a Estados Unidos, a lo que hay que sumar que el proceso de paz en Ucrania está "totalmente estancado", según el Kremlin, lo que allana el camino para una escalada rusa.
Tanto el Kremlin como la Casa Blanca se pusieron de acuerdo en quitar hierro a la visita. Putin no recibió a Ratcliffe, cuyo encuentro con el jefe del Servicio de Espionaje Exterior, Serguéi Narishkin, no tuvo nada de "inusual", según las palabras de este último, quien admitió, eso sí, haber tratado asuntos "delicados".
Trump le siguió el juego al Kremlin. Primero dijo que era un viaje "semirutinario" que no tenía nada que ver ni con la OTAN ni con Irán, y después que no estaba preocupado por una posible provocación rusa contra un país aliado.
Mientras, The New York Times informó que Ratcliffe, quien se jacta de que el ejército ruso ha conquistado sólo un 1 % de territorio en Ucrania desde que asumió el cargo hace 18 meses, urgió a Moscú a detener los combates antes de que la situación en el frente y en la retaguardia alcancen el punto de no retorno.
La atmósfera de la reunión entre Gallagher y Lavrov fue lo más cálida que se recuerda en estos lares entre un alto funcionario ruso y un representante occidental.
Con todo, Gallagher no se anduvo con rodeos durante la rueda de prensa posterior: "Hablemos claro. Esta guerra tiene que terminar".
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