Compraron una chacra en la Patagonia donde se cultivaba lúpulo, plantaron 8 hectáreas de viñedos y hoy elaboran 40.000 litros de vino
En el Alto Valle, una chacra que durante años estuvo vinculada al cultivo de lúpulo cambió de destino. En el año 2000, la familia Rastrilla comenzó a plantar allí viñedos y puso en marcha un proyecto que, más de 25 años después, se convirtió en Bodega Aonikenk . Catriel Rastrilla es quien actualmente está al frente de la elaboración y conoce cada etapa de un proceso que empezó con las primeras plantas y que hoy alcanza una capacidad de producción de 40.000 litros.
La elección del lugar tuvo que ver con las condiciones que ofrece el valle para producir uva. “ El Alto Valle para la región de uva es un lugar espectacular ”, explicó Catriel, y enumeró algunas de las razones: “ Tenemos muy buen clima, muy buenos vientos, el viento te seca la uva, no te deja humedad y entonces no tenés hongos ”. A eso se suman el acceso al agua, la amplitud térmica de la Patagonia y la calidad de la tierra, factores que, según cuenta, permiten trabajar con una producción de características particulares.
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