El hombre que escribía para que lo quisieran sus amigos
Una máquina de escribir Underwood SX-100, vieja y áspera; una Remington Standard 31, cuadrada y sólida; una Olivetti Lettera 22, popular y liviana; una Torpedo 18, alemana, veloz; una Smith-Corona Electric 5TE: la primera eléctrica y portátil; y una Smith-Corona 250 con su motor eléctrico interno de 70 watts.
Estas máquinas de escribir fueron como máquinas de soñar, y Gabriel García Márquez las usó todas.
Hasta que, en los inicios de la década de 1980, dejó todas las máquinas de escribir y apoyó sus dedos sobre el teclado de una computadora Macintosh.
Para este famoso autor colombiano, escribir representaba un reto artístico -como para cualquier otro- y al mismo tiempo un acertijo técnico.
Por eso se preguntaba constantemente cómo podía hacer para enhebrar las palabras de un modo cada vez más eficiente: tener una buena historia en la cabeza era el principio del proceso, pero después venía la parte de las pantallas o de los carretes, la parte de los dedos bailando entre las teclas y de las hojas reproducidas tantas veces como fuera necesario, siempre con la misma exactitud.
El libro Gabriel García Márquez: Vida, magia y obra de un escritor global , del historiador y sociólogo español Álvaro Santana Acuña , ilumina especialmente este tipo de detalles.
En sus páginas se abren las puertas del taller de García Márquez , se muestra un proceso creativo lleno de matices y se celebra una vida que comenzó en 1927 y que acompañó -con un entusiasmo musical y una voluntad ardiente- los desafíos de su mundo hasta que se eclipsó en 2014.
El libro apareció originalmente en 2021 y ahora es reeditado por la Fundación Gabo.
Para el famoso autor de Cien años de soledad , la escritura de ficción era un acto hipnótico .
“Uno trata de hipnotizar al lector para que no piense sino en el cuento que tú le estás contando y eso requiere una enorme cantidad de clavos y tornillos y bisagras para que no despierte”, dijo una vez, en una entrevista.
“Eso es lo que llamo la carpintería, es decir, es la técnica de contar, la técnica de escribir o la técnica de hacer una película.
Una cosa es la inspiración, otra cosa es el argumento, pero cómo contar ese argumento y convertirlo en una verdad literaria que realmente atrape al lector, eso sin la carpintería no se puede”.
Con una máquina de escribir tradicional, García Márquez solía tardar unos siete años en crear una novela.
Luego la informática lo aceleró todo.
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