Los secretos detrás de Fernanda del Carpio en ‘Cien Años de Soledad’: “Gabo estaría superorgulloso de que le dijeran que ese personaje era vomitable”
La Fernanda del Carpio que Gabriel García Márquez retrató en Cien años de soledad es una mujer criada en un convento del interior andino de Colombia, educada para ser reina de un reino que nunca existió.
Hija de una familia noble pero empobrecida, llega a Macondo tras irrumpir en los carnavales del pueblo con una caravana que la anunciaba como la mujer más bella del mundo, cautivando a Aureliano Segundo.
Su matrimonio con este —quien mantiene una relación paralela con Petra Cotes—, marca el inicio de la decadencia de la casa de los Buendía.
Religiosa hasta el fanatismo, dominante y perfeccionista , Fernanda impone en el hogar un orden ajeno a la idiosincrasia caribeña del pueblo, y sus decisiones más extremas —como hacer disparar al novio de su hija Meme e internar a esta en un convento— la convierten en uno de los personajes más perturbadores de la literatura latinoamericana.
Su deterioro final la lleva a comunicarse con médicos invisibles que, según ella, la operan de forma telepática.
La adaptación de Netflix distribuyó el rol entre tres actrices para cubrir las distintas etapas de vida del personaje.
Laura Taylor, de origen colombo-sudafricano, encarnó a la Fernanda joven y trabajó la rigidez corporal del personaje a partir de su crianza en el páramo, con el objetivo de revelar gradualmente la vulnerabilidad detrás de su apariencia estricta.
Margarita Rosa de Francisco asumió la etapa final —que se podrá ver a partir del miércoles 26 de agosto, con la emisión del último episodio—, la de una mujer que se desmorona mientras Macondo colapsa a su alrededor, y describió su trabajo como el de dar coherencia a ese derrumbamiento interno que el personaje arrastra desde su juventud.
Por su parte, la Fernanda adulta y central de la historia quedó en manos de Carla Baratta.
La actriz venezolana llegó al papel casi por accidente.
La audición tuvo lugar en Madrid, donde reside, y fue convocada sin conocer exactamente el personaje para el que se presentaba.
La confirmación llegó dos meses después, en una llamada de medianoche de su mánager, y transformó su vida por completo: el rol implicaba mudarse cerca de seis meses a Ibagué con dos hijos pequeños en casa.
Baratta se negó desde el principio a leer al personaje como una simple antagonista y orientó su trabajo a encontrar los puntos donde la coraza se quiebra: la inocencia de una mujer que creyó de verdad en la promesa de ser reina, y el dolor de una madre que, al despedir a sus hijos en un tren, mostró su única vulnerabilidad antes de cerrarse para siempre.
Para la actriz, Fernanda ama de la única manera en que fue amada, lo que convierte sus decisiones más oscuras en actos de convicción antes que de crueldad.
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