Hungría descubre que ni siquiera la energía nuclear está a salvo de la sequía
Marcelo Nagy Budapest, 19 ago (EFE).- La sequía que obligó a cerrar casi por completo la única central nuclear de Hungría ha destapado la vulnerabilidad del sistema energético del país centroeuropeo, lastrado por la falta de almacenamiento y diversificación, y su dependencia de las importaciones.
En los primeros días de agosto, el Gobierno de Péter Magyar se vio obligado a cerrar casi por completo la central nuclear de Paks, dejando operativa solo una de sus ocho turbinas, debido al mínimo histórico del caudal del Danubio.
En pocos días, Hungría, dependiente de las importaciones de electricidad, perdió el 87 % de la generación de Paks, unos 2.000 megavatios que representan el 40 % del consumo eléctrico del país.
"Hungría siempre ha sido un país pobre en recursos energéticos", explica a EFE András Kéri, director de Energiaklub, un instituto de investigaciones sobre políticas climáticas, quien señala que el país no solo importa electricidad, sino también gas y petróleo.
La "suerte de Hungría" es que cuenta con "fuertes relaciones" energéticas con los países vecinos, lo que hace posible importar las cantidades necesarias de electricidad, agregó el experto, añadiendo que Paks "es el punto crítico" del sistema energético húngaro.
El Gobierno del ultranacionalista Viktor Orbán (2010-2026) mantuvo una política ambigua con las renovables: mientras Hungría se convirtió en líder mundial en el peso de la solar en su generación eléctrica, bloqueó durante años el desarrollo de la energía eólica.
Según datos del 'think tank' energético internacional Ember, la producción de la energía solar en Hungría supone hasta el 27 % del total del mix eléctrico nacional, el porcentaje más alto del mundo.
El problema es el almacenamiento, en el que Hungría no ha invertido, a pesar de que en los últimos años hubo ciertos avances, apunta Kéri.
Durante las horas de sol, Hungría hasta exporta electricidad a precios bajos, pero por la noche se ve obligada a comprar en los mercados a precios muy altos.
"Las inversiones fueron muy asimétricas y causan graves problemas a Hungría, generando altos gastos", destaca el especialista, subrayando que una de las soluciones para un suministro continuo sería la energía eólica.
La energía eólica fue un tabú para el Gobierno de Orbán, que llegó a oponerse a ella porque los molinos eran, a su juicio, "feos y ruidosos", además de cancelar varios programas eólicos al llegar al poder en 2010.
La prensa local ha criticado a Orbán y su Gobierno por rechazar la energía eólica, un sector dominado por empresas internacionales y, por tanto, más difícil de canalizar hacia círculos cercanos al poder.
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