Virginia López, abogada laboralista: “Se puede cambiar la legislación para que la jornada partida deje de ser la opción barata y cómoda”
Tras décadas con la idea de trabajar desde primera hora de la mañana hasta casi acabar la tarde normalizada siempre que haya un descanso para comer en medio, algunas voces plantean ahora una reforma legal para acabar con uno de los horarios más extendidos en el comercio y la hostelería españoles.
“ Se puede cambiar la legislación para que la jornada partida deje de ser la opción barata y cómoda”, sostiene la abogada laboralista Virginia López Bello, en un video publicado en sus redes sociales.
López Bello defiende que la legislación debería dejar de favorecer económicamente la jornada partida .
La reforma, aclara, no obligaría a los comercios y restaurantes a adoptar un horario concreto.
Ninguna norma exigiría que la frutería abra de ocho a cuatro o que un restaurante sirva el menú a las doce.
Tampoco se trataría de convertir España “en Dinamarca el lunes”.
Para explicar cómo pueden cambiar las costumbres cuando cambian las reglas, la abogada recurre a un ejemplo cotidiano: hubo un tiempo en que fumar en un restaurante era normal y hoy esa práctica “nos parecería absurdo”.
El objetivo sería, por tanto, alterar el coste de las distintas opciones de organización laboral.
Si la jornada partida deja de ser la alternativa más barata , argumenta López Bello, las empresas tendrán mayores incentivos para adoptar otros modelos y los consumidores acabarán adaptándose a ellos.
Estrés, conciliación y salud mental La abogada también vincula su propuesta con el impacto que determinados horarios tienen sobre los trabajadores.
Comercio y hostelería figuran entre las actividades con más bajas laborales relacionadas con trastornos mentales en España, a la par que las bajas por síntomas emocionales han aumentado en los últimos años, según señala.
“¿Cuánto nos cuesta a las arcas públicas mantener modelos laborales que generan estrés, sobrecarga y enfermedad ?”, pregunta López Bello.
Su argumento se basa en una idea más amplia: el trabajador no debería considerarse únicamente un coste empresarial.
Un empleado con más tiempo libre también puede disponer de más tiempo para consumir, viajar, acudir a restaurantes o practicar deporte, con el consiguiente impacto sobre la economía.
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