Almada, la claridad y el cambio de ritmo que necesitaba River
Por Vicente Muglia Thiago Almada se hizo cargo. Ni más ni menos que eso. El refuerzo más resonante del fútbol argentino en este mercado de pases debutó oficialmente con apenas cinco entrenamientos con sus nuevos compañeros. Y a un River que venía siendo puro vértigo y confusión, el jugador de la Selección Argentina le aportó cambio de ritmo y claridad. Cuando no había posibilidad de progresión en la jugada, la aguantaba y ponía la pausa necesaria para elegir el pase más seguro, sin arriesgarse a la pérdida. Cuando aparecían los espacios hacia adelante, ahí aceleraba y buscaba la mejor opción. Con su jerarquía, influyó para cambiarle la cara a un equipo que venía sin ideas -justo ante un trabajado Argentinos que por momentos se la puso difícil- y que así cortó una histórica racha sin triunfos.
El Monumental lo recibió con fuertes aplausos en la previa, cuando lo mencionó la voz del estadio. Y Almada cumplió con esas expectativas porque esos mismos calurosos aplausos surgieron cuando fue reemplazado poco antes del pitazo final. A River le faltaba un conductor. Y él agarró la batuta. Un dato lo confirma: fue el jugador que más veces tocó la pelota en el partido. Un total de 72 toques en 83 minutos. Y finalizó con un elevado 91% de pases exitosos. Como el que le dio a Angelito Correa en la jugada que terminó en el 1-0 de Montiel.
De entrada se develó el misterio sobre en qué posición lo utilizaría Eduardo Coudet y cuál sería el dibujo táctico elegido por el entrenador de River. Si bien sus primeras intervenciones fueron más cerrado, por pasillos interiores, con el correr de los minutos se fue recostando hacia el costado izquierdo.
En cada saque de arco de Argentinos aparecía el esquema que más le gusta al Chacho, el que más usó en sus anteriores equipos: el 4-1-3-2. El dúo Beltrán-Correa, primera línea de presión, iba contra los centrales del Bicho. Almada por la izquierda y un sacrificado Freitas por la derecha (pierde mucho peso arriba al tener que cumplir esa función) se encargaban de los laterales rivales. Y un dinámico y activo Andrada abandonaba a Moreno en el rol de doble cinco y se adelantaba para marcar al volante central del equipo adversario. Un River intenso, mejor parado en esa fase del juego, evitó en la mayoría de las veces que Argentinos pudiera progresar en el campo desde la construcción en salida y lo obligó a tirarla larga, a dividir.
Almada mostró su sacrificio para, sin pelota, retroceder y ocupar espacios en campo propio. Incluso se ganó una amarilla por cometer una infracción en el círculo central y cortar así un avance rival. En la fase defensiva contribuyó para evitar el 2vs1 contra Ortega, el lateral de River. Atento, cumplió con la marca.
Con la posesión a favor, mostró su variedad de recursos. Interpretó muy bien lo que pedía la jugada cada vez que la recibía. Sin espacios para maniobrar, la tocaba segura hacia atrás o a los costados. Sin complicarse. Ahora, si la acción lo permitía, aceleraba hacia adelante para cambiar el ritmo. Algo, sin dudas, que este River necesitaba con urgencia. Hasta ahora, el de Coudet era un equipo acelerado, vertiginoso, que terminaba chocando por falta de claridad y lucidez.
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