La gala del Malba, desde adentro: seiscientos invitados exclusivos, grandes anuncios y un regalo sorprendente
Noche emotiva y glamorosa, la gala por los 25 años de Malba y los 80 de su fundador, Eduardo Costantini.
En una carpa en la Plaza Perú ambientada en verde plaza, 600 comensales pagaron grandes sumas (desde 2500 dólares) para estar ahí y aportar a la causa del museo.
Conducida por el políglota Iván de Pineda (al embajador de Japón y su señora los saludó en su idioma), tuvo rica comida del chef francés Bruno Guillot, música de Zoe Gotusso con intervención lumínica al estilo de la obra de Julio Le Parc, poco baile, grandes anuncios, selfies en la recién inaugurada exposición de Frida Kahlo y grandes looks .
“Discutimos si la IA es capaz de escribir poemas mientras sus creadores nos advierten de nuestra extinción” Elina Costantini lució un vestido de inspiración floral de Gino Bogani, mientras que la curadora de la muestra Viva Frida, Circe Henestrosa, llevó un lujoso traje tehuano, seguramente herencia de sus tías, que cosían los de Frida.
Inédito: Marta Minujín mostró las piernas (impecables) con un vestido de diseño propio realizado con Min Agostini.
Delia Cancela, en cambio, lució traje.
La jequesa de Qatar Al Mayassa bint Hamad bin Khalifa Al Thani optó por el negro discreto y conversó toda la noche con el anfitrión.
Hubo quienes se animaron al tocado floral, como Azul García Uriburu, hija del gran artista.
La fridamanía se vio también en algunas grandes faldas.
Luego de saludar y agradecer presencias que fueron un respaldo, como la sheika, la coleccionista y filántropa venezolana Patricia Phelps de Cisneros y el expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti (a quien solía prestarle el famoso Abaporu de Tarsila do Amaral para colgar en su despacho), el plato fuerte fueron los anuncios de Eduardo Costantini, muy generosos.
Rodeado de sus hijos y nietos, anunció una futura participación minoritaria de sus herederos en la comisión que maneje la Fundación.
Reveló además que aportará 30 millones de dólares para la obra de ampliación, y 50 más cuando ya no esté, para que el fideicomiso Malba Art Trust asegure la continuidad del museo.
Además, cedió a su acervo las 1232 obras que adquirió de la Colección Daros y 17 piezas emblemáticas de su propia colección: Diego y yo, de Frida Kahlo; Baile de Tehuantepec, de Diego Rivera; Las distracciones de Dagoberto de Leonora Carrington; Simpatía (La rabia del gato) y Armonía , de Remedios Varo, y Omi Obini, de Wifredo Lam.
“Yo jugaba en esta plaza”, dijo una de las comensales, mientras se veían en la pantalla los planos con los que la arquitecta mexicana Frida Escobedo va a duplicar la superficie del museo y abrirlo por sus cuatro costados, después de hacer lo propio en otras importantes instituciones culturales del mundo como el Pompidou y el MET.
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