Presidentes con retratos
En estos tiempos de bicentenarios históricos , los partidos uruguayos vienen celebrando su vigencia.
Blancos y colorados, colorados y blancos, se reparten la historia, en un bipartidismo que lleva dos siglos.
En los últimos años se ha cambiado la demografía electoral, con la presencia del Frente Amplio, que lleva ya 55 años de existencia, pero congrega un Partido Socialista fundado por el poeta Emilio Frugoni en 1910 y un Partido Comunista ortodoxo que nació en 1920 y sigue tan campante, predominando en el movimiento sindical.
De este modo se ha configurado un nuevo bipartidismo de dos espacios, el del Frente Amplio, conglomerado de izquierda que también integran grupos y personalidades ideológicamente moderados, y el de una nueva Coalición Republicana, que sumó en las dos últimas elecciones a los dos partidos fundacionales .
No se puede entender al país sin la presencia de esos partidos, articuladores de la opinión pública y factor fundamental de estabilidad política.
El próximo 19 de septiembre se celebrarán los ciento noventa años de la Batalla de Carpintería, primera ocasión en que los dos ejércitos, que eran ya los dos partidos preexistentes, usaron por vez primera sus divisas tradicionales, blanca y colorada, que la historia confirmaría.
Si se va al fondo de la historia puede decirse que los partidos tienen sus raíces ya en el artiguismo que, adherido a la Revolución de Mayo en 1811, se enfrenta al Directorio por haber rechazado a sus diputados al Congreso de 1813.
Tanta fue la división que se llega a las armas y en 1815, en la batalla de Guayabos, Rivera derrota a Dorrego, enviado por Alvear para terminar con la rebelión artiguista.
Los orientales estaban ya asociados a Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Corrientes y Misiones en una Liga Federal que ni estuvo presente en Tucumán, en 1816, cuando se decretó la independencia argentina.
El Directorio alienta así una invasión portuguesa, que en 1817 ocupa Montevideo, bajo el mando del general Carlos Lecor, un brillante militar portugués, que había servido a las órdenes de Wellington en la reconquista de España del dominio francés.
En ese momento se da la primera fractura: mientras Artigas organiza la defensa, con Fructuoso Rivera como jefe de la campaña, Oribe se aleja y se pone en Buenos Aires a disposición del Directorio, con todas las tropas que estaban a su mando.
Derrotado Artigas en 1820, toma el camino del exilio paraguayo , del que, empecinadamente, no retornaría.
Rivera pacta con el invasor, mantiene la fuerza oriental a su mando y esto será fundamental en 1825, cuando apoya la Cruzada de los Treinta y Tres Orientales que comandan Lavalleja y Oribe.
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