Drenaje linfático y masaje capilar: la experiencia, en primera persona, de una sesión que libera tensiones y además rejuvenece
Son las 7 de la tarde después de un día largo de trabajo y, si bien estoy cansada, esta experiencia es la mejor manera para terminar un lunes.
La música suave y la luz tenue me ayudan a bajar un cambio y empezar a soltar las tensiones del día.
Me entusiasma descubrir esta práctica por primera vez: estoy expectante.
Me saco los zapatos y me acuesto en una camilla.
Me coloco una vincha de toalla para no ensuciarme el pelo y elijo entre cuatro propuestas el masaje que combina drenaje linfático y masaje capilar y, a partir de ese momento, todo parece invitarme a bajar todavía un poco más el ritmo.
Las otras alternativas eran un masaje pensado para descongestionar el rostro que incluye gua sha (técnica tradicional de origen asiático que utiliza una herramienta de piedra, generalmente de jade o cuarzo, para realizar suaves pasadas sobre la piel); un lifting facial realizado de manera manual y un masaje miofascial para liberar principalmente las tensiones de la mandíbula .
Los dedos ágiles de Cecilia Navarro Gamboa -la kinesióloga y fisiatra a cargo del tratamiento en Faceit - recorren mi rostro con extrema suavidad y una precisión casi hipnótica.
Se deslizan con movimientos delicados, firmes y al mismo tiempo livianos.
Conocen exactamente dónde detenerse y qué tensión liberar.
Cierro los ojos y me dejo llevar.
Al principio estoy tensa, pero de a poco cada uno de los músculos de mi cara empiezan a relajarse.
La mandíbula se afloja, la frente se suaviza y hasta los ojos parecen pesar menos.
Disfruto cada instante, entregándome por completo a esas manos que, con una delicadeza única, van borrando las tensiones del día.
Según la kinesióloga, la cabeza y el cuello se trabajan de manera conjunta porque forman un sistema íntimamente relacionado .
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