Dos zonas del cerebro compiten entre el riesgo y la evitación, según un estudio con registros en tiempo real
Científicos de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) y la Universidad de California en Berkeley identificaron dos zonas vecinas de la corteza orbitofrontal cuya actividad permitió anticipar, en una tarea experimental, si una persona elegiría asumir o evitar un riesgo cerca de medio segundo antes de actuar.
El hallazgo aporta datos sobre los circuitos que intervienen en la toma de decisiones y amplía el conocimiento sobre la corteza cerebral .
La investigación, publicada el 15 de septiembre en Nature Neuroscience , analizó registros intracraneales de seis participantes que ya tenían electrodos implantados por motivos clínicos, en el marco de evaluaciones o tratamientos por epilepsia y afecciones psiquiátricas.
Esta técnica permitió medir la actividad eléctrica cerebral en milisegundos.
El estudio original examinó así cómo se resolvían decisiones que combinaban una posible recompensa con una amenaza.
Uno de los focos fue la corteza orbitofrontal, una región ubicada en la parte inferior del lóbulo frontal que participa en la valoración de recompensas, costos y resultados esperados.
Su análisis mediante resonancia magnética funcional suele presentar dificultades porque los senos paranasales cercanos pueden afectar la calidad de las imágenes.
Edward Chang , presidente Joan and Sanford I.
Weill del Departamento de Cirugía Neurológica de UCSF y coautor principal, explicó que ya existían indicios sobre la participación de esta región en el equilibrio entre riesgo y recompensa.
Sin embargo, hasta ahora no había sido posible observar ese proceso en el cerebro humano con esta precisión mientras ocurría.
Un videojuego con bombas y cofres para medir decisiones La neurocirujana Clara Starkweather , residente jefe de neurocirugía de UCSF y autora del trabajo, buscó que los participantes enfrentaran elecciones que les resultaran atractivas y exigentes.
Su observación sobre las limitaciones de algunas tareas de laboratorio la llevó a diseñar una prueba con una dinámica similar a los videojuegos que los pacientes utilizaban durante sus internaciones.
El experimento consistió en un laberinto virtual de pasillos con bombas y cofres luminosos .
Cada corredor presentaba una combinación diferente de peligro y recompensa: las bombas podían explotar, mientras que los cofres podían contener rubíes.
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