Gran Premio de Argentina: qué puede aprender Buenos Aires del saliente GP de Países Bajos de Fórmula 1
ZANDVOORT AAN ZEE, Países Bajos (especial para LA NACION).– Banderas cuadriculadas cuelgan de innumerables balcones.
Hasta una señora se viste de cuadriculado blanco y negro, y desde un primer piso mira pasar el río de aficionados por la devenida peatonal que conduce al autódromo.
Hay guirnaldas que cruzan la calle de lado a lado.
Banderas neerlandesas, banderas de Max Verstappen, y hasta del propio logotipo de la Fórmula 1 .
“Welcome race fans” (“bienvenidos, hinchas de las carreras”), dicen otros trapos en distintos lugares, como si los lugareños se hubieran puesto de acuerdo.
Nadie parece querer en este pueblo balneario que tiene aires de Pinamar y Villa Gesell que la ruidosa y supuestamente antiecológica F.
1 deje este remanso de dunas y Mar del Norte.
Hay música en el aire.
Música alegre; no invasiva, no excesiva.
Gente que se toma fotos con carteles de “Dutch GP”.
Gente que compra una camiseta o algo identificatorio de un piloto o de un equipo.
Gente que bebe, bastante pero sin llegar a pasar de moscardón a violenta o peligrosa.
Y está la Fanzone, una suerte de pequeño parque de diversiones para simpatizantes del Gran Circo.
El deporte, cuando la pasión no se convierte en sinrazón, puede ser hermoso.
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