746 réplicas, 13 mil damnificados y un solo muerto oficial: el terremoto de Panamá que no cuadra con las imágenes de pueblos arrasados
Un helicóptero de las fuerzas aeronavales panameñas descarga cajas de ayuda sobre un pueblo incomunicado de la península de Azuero.
A una semana del terremoto de magnitud 7.5 que sacudió Panamá, el saldo oficial sigue siendo de una sola fallecida, pero las imágenes de pueblos arrasados y familias enteras durmiendo a la intemperie contradicen cualquier lectura optimista de las cifras.
El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá contabilizó 746 réplicas hasta la mañana de este viernes, de acuerdo con su director, Néstor Luque.
La cifra, informada a Metro Libre , representa un aumento frente a las 696 registradas el jueves, y la actividad sísmica podría prolongarse entre uno y dos meses más, según las estimaciones del especialista.
El sismo se originó el 9 de octubre a las 12.56 hora local, con epicentro cerca de La Pitaloza, en la provincia de Herrera .
Un equipo de EFE, agencia internacional de noticias, recorrió la zona desde las primeras horas posteriores al desastre y documentó carreteras colapsadas, patrimonio histórico destruido y una tensión persistente entre los vecinos que aguardaban respuestas oficiales.
Las provincias donde se concentró el desastre Los Santos, Herrera y Veraguas conforman la península de Azuero, una zona rural de pueblos coloniales con población envejecida que depende de la agricultura y la ganadería.
Allí se concentraron los daños provocados por la liberación de energía de dos placas tectónicas.
El balance oficial reportado por EFE habla de más de 13 mil damnificados , ningún desaparecido y menos de 30 heridos.
Unas 3,700 personas permanecen en albergues temporales, una semana después de que el movimiento telúrico sacudiera el país.
Casi 900 familias perdieron sus viviendas por completo y cerca de un millar sufrió daños moderados, según las cifras oficiales citadas por la agencia.
Los pueblos más alejados del epicentro siguen acampando en parques públicos, con comidas comunales organizadas en ollas gigantes que se cocinan en calles todavía destrozadas.
El relato de quienes lo vivieron desde adentro “Estaba muy preocupada cuando sentimos el movimiento.
Estábamos muy lejos de la casa (...) no tengo palabras para explicar lo que estamos pasando aquí” , dijo a EFE Sonia Valdés , vecina de La Pitaloza, tras perder su casa.
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