El cuerpo será falso, la humillación no
Pasó otra vez, y esta vez en otro colegio: alumnas denunciaron que sus propios compañeros las habían ‘desnudado’ con inteligencia artificial.
Pensemos en una de esas chicas que llega al colegio sabiendo que alguien tomó una foto suya.
Puede ser una foto de lo más común : una que subió a Instagram, una de una fiesta, una que circuló en algún grupo.
Con una aplicación, alguien le sacó la ropa que ella nunca se sacó.
Otros la vieron, algunos la reenviaron y probablemente alguien se rio.
Y ella, igual, tiene que entrar al aula y sentarse entre compañeros sin saber quién vio la imagen, quién la guardó, quién la mandó, quién está al tanto y quién no.
A veces, además, tiene que cruzarse todos los días con el que la fabricó, trabajar en equipo o compartir un grupo de WhatsApp con él.
No sé si terminamos de entender lo que eso significa para un adolescente.
Cuando se habla de deepfakes sexuales, la conversación suele ir hacia la inteligencia artificial, las redes, la regulación y los delitos digitales.
Son temas importantes, pero hay algo previo que se rompe y que tiene que ver con la confianza.
Porque muchas veces no se trata de un desconocido.
Es alguien con quien la persona comparte el aula desde primer grado, o desde sala de cinco.
Alguien con quien hizo trabajos en grupo, que fue a sus cumpleaños, que conoce a su familia, al que le escribía para preguntarle la tarea.
Alguien que era parte de su mundo .
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.