Bodegones porteños: hasta el viernes 28 celebran la cocina casera, con buenos precios y promociones en “plato hondo”
El célebre periodista, historiador y cronista porteño Germinal Nogués (autor, entre otros, del libro Buenos Aires, ciudad secreta) decía que los bodegones son guardianes de la memoria emocional de la ciudad porque nacieron de la nostalgia de los inmigrantes italianos y españoles que fusionaron sus recetas con la abundancia de la carne argentina.
Tal vez no haya definición más acertada para estos bunkers contra el paso del tiempo, refugios del “plato hondo” -bien calórico y reconfortante- donde nunca falta el escarbadientes y el mozo de oficio te llama por tu nombre.
Para reconocer un bodegón de un restaurante común basta analizar la carta: platos típicos de la gastronomía local, generosas porciones -por lo general se anuncian para compartir- y precios posibles, incluso cuando estamos a fin de mes.
En ese combo caben siempre los sanadores guisitos de mondongo o lentejas, el estofado, las milanesas napolitanas, los pucheros históricos; hay también buñuelos y escalopes, mayonesa de ave, matambre arrollado con rusa, pastel de papa, canelones, vino en pingüino y el inoxidable vigilante de batata y cuartirolo, entre otras fórmulas salidas de esa fragua cultural que nos define.
Hasta este viernes 28 de agosto los vecinos de la ciudad podrán disfrutar de esas delicias en más de 100 bodegones que celebran su existencia en una semana especial con descuentos y promociones, una iniciativa del gobierno local junto con la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés (AHRCC) que busca poner en valor a la cocina de Buenos Aires.
Todos los espacios adheridos y sus promociones podrán visualizarse mediante un mapa digital (figuran el menú y el precio); además en cada uno se podrá escanear un código QR para acceder al Pasaporte Bodegón Porteño, completar misiones y trivias, sumar sellos y recorrerlos de una manera diferente.
De la taberna al neobodegón Derivado del latín apotheca (almacén o tienda), el “bodegón” habría surgido en España durante el siglo XVI o XVII bajo la forma de taberna popular donde se vendía vino y comida sencilla.
En la Argentina, especialmente con la llegada de los primeros inmigrantes europeos entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, empezaron a aparecer pequeños establecimientos familiares comandados por españoles, italianos y otras comunidades que combinaban almacén, despacho de bebidas y comida hecha en el día con lo que había.
Con el tiempo, esos lugares fueron evolucionando sin perder la esencia original: una oferta gastronómica accesible en un ambiente sin demasiadas pretensiones.
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