“Soy feliz en la Argentina”. El autor del robo del siglo francés: entró por las alcantarillas, robó millones y se refugió en el país
El lunes 19 de julio de 1976, un empleado de la Société Générale de Niza llegó a la sala de las cajas de seguridad.
Tenía que preparar todo para la abrir, pero la puerta blindada se había trabado.
Pensaron que se trataba de un fallo eléctrico o mecánico de la cerradura.
Llamaron a los técnicos.
Cuando llegaron, vieron que estaba soldada con soplete desde adentro .
Enseguida contactaron a la policía.
Tuvieron que martillar la pared de hormigón durante una hora, así improvisaron un pasadizo al otro lado, a la bóveda.
El resultado fue un hueco demasiado estrecho .
Alguien tenía que pasar, pero no cualquiera podía hacerlo: eligieron al inspector más flaco que, como llevaba un traje nuevo y no estaba dispuesto a ensuciarlo, se quedó en calzoncillos.
Fue el primero en ver el caos: 19 armarios reventados, cientos de cajas de seguridad abiertas a golpes de maza y soplete.
El informe oficial de la policía hablaba de 337 cajas abiertas.
En el piso se mezclaban cheques, billetes, monedas y documentos con colillas de cigarrillo, botellas de vino, coñac y whisky, y restos de comida.
También herramientas: martillo, una palanca y dos garrafas de acetileno.
Y letrinas que alguien improvisó con ensaladeras y soperas de plata que sacaron de las cajas fuertes.
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