Ira sin control: cómo el enfado mal expresado daña el cuerpo, las relaciones y el debate público
La represión sistemática de la ira resulta profundamente dañina tanto para el organismo como para los vínculos personales.
La doctora Adelheid Kastner , directora de la Clínica de Psiquiatría Forense del Hospital Universitario Kepler en Linz, Austria, advierte que la costumbre de ocultar el enojo altera el equilibrio biológico y deteriora la salud mental , proponiendo herramientas prácticas para expresar las emociones sin acudir a conductas destructivas.
En declaraciones recogidas por el prestigioso semanario alemán Der Spiegel , la psiquiatra cuestiona la exigencia social de mostrar una calma permanente.
Según su análisis, categorizar el enfado como un sentimiento negativo impulsa a una falsa autooptimización que niega la naturaleza humana , impidiendo procesar sensaciones que informan sobre situaciones de injusticia, amenaza o frustración.
“La ira y el resentimiento no son agradables, igual que la tristeza o la envidia, pero son sentimientos normales que van y vienen ”, sostuvo la especialista en declaraciones recogidas por Der Spiegel.
Lo que importa, enfatiza, es la forma en que se gestionan.
La psiquiatra encuadra la ira como una emoción básica y universal, comprensible en todas las culturas, cuya función es informar al individuo sobre algo relevante en su entorno o en sus vínculos.
Detrás de un episodio de enfado intenso, señala, suelen esconderse otras emociones: sentirse amenazado, provocado, frustrado o ante una injusticia percibida.
Cuando esas necesidades o expectativas quedan insatisfechas, el resentimiento se acumula y busca una salida.
La pregunta central, según Kastner, no es si la ira debe liberarse, sino de qué manera.
Las personas que mantienen un nivel de excitación crónicamente elevado, irritables, impulsivas o propensas a los estallidos de cólera, enfrentan riesgos que van más allá del conflicto interpersonal.
La especialista advierte que ese estado sostenido puede provocar hipertensión, concentraciones elevadas de cortisol y daño orgánico a largo plazo, además de un deterioro progresivo de las relaciones personales y profesionales.
Los riesgos físicos de sostener la ira La investigación científica respalda esa advertencia.
Una revisión publicada en enero de 2025 en el American Journal of Medical and Clinical Research & Reviews , a cargo del investigador Benjamin Pelz, encontró que suprimir la ira de forma crónica altera los patrones de actividad neuronal y eleva los marcadores fisiológicos de estrés , entre ellos la variabilidad de la frecuencia cardíaca y los niveles de cortisol, con consecuencias cardiovasculares más pronunciadas en hombres y un mayor impacto sobre la salud mental en mujeres.
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