El ataque de un animal salvaje, una madre presa y la verdad que tardó en llegar: el terrible final de una beba recién nacida
La frase atravesó la noche australiana como un grito imposible de olvidar: “¡Un dingo se llevó a mi bebé!”.
Era alrededor de las ocho de la noche del 17 de agosto de 1980 y, en un camping cercano a Uluru -entonces conocido internacionalmente como Ayers Rock-, una mujer corría desesperada entre las carpas.
Se trataba de Lindy Chamberlain.
Minutos antes acostó a sus hijos.
La menor, Azaria, tenía apenas nueve semanas.
Lindy había regresado junto a los demás integrantes de la familia cuando escuchó llorar a la bebé, volvió hacia la carpa y vio salir a un dingo –cánido salvaje originario de Asia-.
Cuando entró la niña ya no estaba.
El animal desapareció en la oscuridad.
Lo que continuó sería una de las historias criminales y judiciales más controvertidas de Australia: una búsqueda gigantesca, una investigación policial que terminó apuntando contra los propios padres, un juicio que convirtió a Lindy en una de las mujeres más odiadas del país, una condena a prisión perpetua, años de cárcel, una prueba encontrada cuando parecía demasiado tarde y, finalmente, una confirmación oficial que tardó 32 años en llegar.
Porque Lindy había dicho la verdad.
Pero durante mucho tiempo casi nadie quiso creerle.
Vacaciones trágicas Los Chamberlain habían llegado en viaje de descanso a Uluru el 16 de agosto de 1980.
Michael y Lindy viajaban con sus hijos, Aidan y Reagan, y la pequeña Azaria , nacida el 11 de junio de ese año.
Eran una familia cristiana adventista del séptimo día y llevaban una vida relativamente tranquila.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.infobae.com — el contenido pertenece a Infobae.