Tomás Gill, ingeniero en alimentos: “Lo que comemos en la juventud puede impactar en nuestra calidad de vida a futuro”
La vorágine cotidiana muchas veces hace que algo tan básico como decidir qué comprar, qué cocinar y qué comer pase a un segundo plano.
La falta de tiempo puede llevar a simplificar las comidas y elegir rápidamente los productos que están al alcance.
El problema aparece cuando esas decisiones dejan de ser excepcionales y se convierten en hábitos que se mantienen durante años dañando la salud.
Sobre estos temas trabaja Tomás Gill, ingeniero en alimentos, creador y director de Curiosidad Alimentaria, un espacio de divulgación donde combina ciencia, alimentos y comunicación con el objetivo de acercar información clara y confiable a la sociedad.
En diálogo con LA NACION , el experto en salud alimentaria explicó por qué aquello que comemos durante la juventud puede repercutir en nuestra calidad de vida futura.
“En el último tiempo se escucha con mucha frecuencia el concepto de ‘enfermedades crónicas no transmisibles’ , que según la definición que da la Organización Panamericana de la Salud son un grupo de enfermedades que no son causadas principalmente por una infección aguda y dan como resultado consecuencias para la salud a largo plazo.
Muchas de estas enfermedades están relacionadas con nuestros hábitos y con otros factores.
La alimentación, la actividad física, el tabaquismo, el consumo de alcohol, el descanso y el estrés pueden influir en su aparición y evolución.
Algunos ejemplos de estas enfermedades son la diabetes, la hipertensión o las enfermedades cardiovasculares ”, explicó.
Para mostrar cómo una conducta cotidiana puede terminar teniendo consecuencias con el paso de los años, el especialista utilizó como ejemplo el consumo habitual de sal y la manera en la que el paladar puede acostumbrarse progresivamente a determinadas cantidades.
“Lo podemos explicar fácilmente con un ejemplo: si nosotros estamos acostumbrados siempre a salar mucho los alimentos, cada vez vamos a necesitar agregar más para percibir el salado.
El umbral de gusto salado, que es la cantidad mínima de sal que hace que una persona detecte el gusto salado, va a aumentar.
O sea, vamos a necesitar cada vez más contenido de sal para percibir ese gusto .
Esto, junto al consumo de otros alimentos ricos en sodio, como los snacks, puede favorecer a que la presión arterial aumente y luego derive en diversas complicaciones”, señaló Gill.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.