Pamela Anderson, sobre la hepatitis C: “Fue una sentencia de muerte”
Cuando Pamela Anderson escuchó a su médico pronunciar esas palabras—“te quedan aproximadamente 10 años de vida”—sintió que el piso se abría bajo sus pies.
Era 2002, la hepatitis C no tenía salida , y la actriz canadiense-estadounidense pasó años cargando con una culpa y una vergüenza que la perseguían.
“ Era una sentencia de muerte.
Eso fue lo que me dijo mi médico: que probablemente me quedaban unos 10 años de vida ”, relató recientemente en Venecia ante miles de personas.
Su historia no es aislada.
Detrás de esa confesión hay un panorama mundial que cambió drásticamente en poco tiempo.
Mientras tanto, en Argentina, especialistas advierten que la hepatitis C sigue siendo mayormente invisible, subdiagnosticada , a pesar de que hoy existe una solución casi definitiva.
Cuando el diagnóstico era una pesadilla En las décadas pasadas, contraer hepatitis C era prácticamente una condena.
Los tratamientos disponibles duraban meses, dejaban efectos secundarios brutales—cansancio extremo, depresión, problemas digestivos—y ni siquiera garantizaban la curación.
Muchas personas simplemente no se curaban.
Otras avanzaban hacia complicaciones irreversibles : cirrosis, cáncer de hígado, insuficiencia hepática, trasplante. heheher La OMS había lanzado una advertencia por brotes en distintos países.
“En el pasado, el tratamiento de la hepatitis C era largo, presentaba múltiples efectos secundarios que afectaban la calidad de vida y con tasas de eficacia modestas”, explica el Dr.
Esteban González Ballerga, hepatólogo del Hospital de Clínicas de Buenos Aires (MN: 78.316).
“Con los nuevos medicamentos que se toman durante 8 ó 12 semanas, prácticamente todos los pacientes se curan ”, añade.
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