El Rolls-Royce de 1910 que recorrió Europa con la familia Pereyra Iraola y esquivó el hundimiento del Titanic
Un viaje familiar de Inglaterra a Estados Unidos.
Diez personas en un crucero, durante semanas.
Eso habían planeado los Pereyra Iraola desde tiempo antes, cuando un enorme barco, el más imponente del mundo hasta entonces, pasaba de los planos al astillero, antes de su viaje de bautismo.
Hermanos, hijos, sobrinos se embarcarían en Southampton, con destino a Nueva York.
Y ellos, argentinos todos, con su auto a bordo.
Algo se lo impidió.
A Dios gracias: ese gigante de los mares era el Titanic .
Y ese coche, un Rolls-Royce .
Un automóvil de lujo que pese a su juventud ya había paseado por buena parte de una Europa de caminos rústicos pero siempre encantadora.
Una máquina de lujo que nació en un país, fue completada en otro, hizo miles de kilómetros y visitó trece ciudades, hasta el mismísimo Vaticano.
Con sus diez argentinos dentro –niños, varios de ellos–, un coche de apoyo y varios objetivos, entre el cultural, el económico y el turístico.
Esa joya de 1910 vive hoy.
Está en la tierra del clan que la encargó hace más de un siglo.
Y, por primera vez, está expuesta en Autoclásica , la muestra de vehículos que está abierta hasta este lunes (feriado) en el Hipódromo de San Isidro.
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