Más de 500 libros para pacientes coronarios: la historia de la biblioteca del Hospital Rivadavia impulsada por un doctor
Dos tomos de Historia Argentina de los años 70, enciclopedias, libros de autoayuda, novelas y cuentos.
En apenas unos días, más de 500 ejemplares llegaron a la garita de seguridad del Hospital Rivadavia. ¿El motivo? El cardiólogo Mario Fitz Maurice , jefe del Servicio de Cardiología, contó en sus redes que habían comenzado a reunir libros para pacientes internados.
La idea era sencilla: que quienes pasan días en una habitación, a la espera de un estudio, un tratamiento o simplemente el momento de volver a casa, tuvieran un libro a mano para hacer más llevadero ese tiempo .
Lo que nadie esperaba era la magnitud de la respuesta.
Personas de distintos puntos de la Ciudad comenzaron a acercarse al hospital con libros para compartir con alguien a quien probablemente nunca conocerán.
Detrás de esa biblioteca que ya empezó a tomar forma hay mucho más que una colecta.
Hay una cadena de solidaridad que se activó dentro y fuera del hospital, y también una mirada sobre la salud pública que Fitz Maurice sostiene en su trabajo cotidiano: que cualquiera puede necesitar alguna vez una cama de hospital y que, cuando eso ocurre, todos deberían sentirse igual de acompañados.
Una idea sencilla que empezó a crecer La iniciativa no nació como una gran campaña ni con la expectativa de generar una respuesta masiva.
Surgió a partir de la observación cotidiana en la sala de Cardiología del Hospital Rivadavia.
Paula , la psicocardióloga del servicio, notaba durante su trabajo con pacientes internados que muchos hablaban de lo difícil que les resultaba sobrellevar el tiempo durante la recuperación.
Esperar un estudio, que un tratamiento haga efecto, recibir los resultados o, simplemente, el momento de volver a casa puede convertir las horas en una carga especialmente pesada.
“Lo que más les costaba era el paso del tiempo” , cuenta Fitz Maurice al recordar las conversaciones con Paula.
De ese intercambio surgió una idea sencilla y realizable: armar una biblioteca para que los pacientes tuvieran algo para leer durante ese tiempo.
El doctor Mario —como le dicen en el hospital— atento a las necesidades que veía a diario, decidió tomar la posta e impulsar la iniciativa en sus redes sociales.
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