Sholem Aleijem, escritor ucraniano: “La vida es un sueño para el sabio, un juego para el tonto, una comedia para el rico y una tragedia para el pobre”
En el cambio de siglo entre el XIX y el XX, las pequeñas aldeas judías de la Europa Oriental, conocidas como shtetls , crujían bajo el peso de la miseria material, el aislamiento y la amenaza constante de los pogromos zaristas.
En ese escenario de barro, privaciones y fe inquebrantable, un hombre decidió que la mejor manera de contar el dolor de su pueblo no era el llanto, sino la ironía.
Ese hombre se llamaba Salomón Rabinóvich , más conocido como Sholem Aleijem .
De su pluma (este seudónimo, en idish, significa “la paz esté con ustedes”) brotó una de las máximas más demoledoras, lúcidas y vigentes sobre la condición humana y la brecha de clases: “La vida es un sueño para el sabio, un juego para el tonto, una comedia para el rico y una tragedia para el pobre”.
Lejos de ser un aforismo abstracto de escritorio, esta frase condensa la arquitectura de su obra cumbre y funciona como el manifiesto definitivo de su pensamiento político y filosófico.
La frase pertenece a Tevie el lechero ( Tevye der milkhiker , en su idish original), una serie de relatos publicados por entregas entre 1894 y 1914.
La importancia de este libro en la historia de la cultura occidental es incalculable.
Hasta la aparición de Sholem Aleijem (y de contemporáneos como Mendele Mojer Sforim e Iztjok Leish Peretz ), el idish era considerado un dialecto menor, la “lengua de las mujeres y los analfabetos”, desplazada por el hebreo litúrgico o el ruso de las élites.
Sholem Aleijem elevó ese idioma callejero y popular a la categoría de alta literatura.
Tevie el lechero es el retrato de un padre lidiando con el choque generacional de sus hijas, pero también una crónica sobre el avance del capitalismo, el desarraigo y la desintegración del mundo tradicional.
Décadas más tarde, sería adaptado en Broadway ( El violinista en el tejado ) y al cine en 1971.
Sin embargo, mientras Hollywood estetizó la pobreza, el texto original conservaba una mordacidad política mucho más afilada.
Al desarmar la cita, se revela cómo el autor entendía la desigualdad de su época (y, de forma predictiva, la del siglo XXI).
Para el “sabio”, la vida es un sueño; una ilusión o un enigma intelectual que se intenta descifrar desde la distancia cognitiva.
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