El zueco desafía al calendario y se convierte en calzado para todo el año
María Muñoz Rivera Madrid, 19 oct (EFE).- Durante siglos fue un calzado de trabajo; después se convirtió en símbolo de la contracultura, pisó las pasarelas en los 70 y, desde entonces, ha reaparecido de forma intermitente.
Ahora, el zueco vuelve a caminar, pero con una diferencia: ya no parece dispuesto a marcharse cuando termina el verano.
La fórmula funciona precisamente porque permite combinar dos ideas que durante años parecían incompatibles: comodidad y moda.
El zueco puede acompañar unos vaqueros y calcetines, pero también una falda, un pantalón de vestir o una prenda más sofisticada.
Su origen está ligado a los tradicionales zapatos de madera utilizados por trabajadores del campo y las fábricas durante la Revolución Industrial, una procedencia funcional que acabaría transformándose en una de sus principales señas de identidad.
En los años 50 comenzó a adquirir una dimensión más estética y cultural, con figuras como Marilyn Monroe fotografiada con zuecos negros en 1956, una imagen que quedaría para la posteridad y que arrojaría una nueva percepción de este calzado.
La década de los sesenta convirtió modelos como el Pescura de Scholl, nacido en 1956, en parte de la estética de una juventud asociada a la libertad sexual, los movimientos sociales y la cultura bohemia.
Twiggy, Jean Shrimpton o Audrey Hepburn estuvieron entre sus primeras prescriptoras, mientras el calzado pasaba progresivamente de la función al terreno de la moda.
Pero fueron los setenta los que terminaron de convertir el zueco en icono.
La plataforma de madera encajaba con la estética bohemia de la época y con una moda que recuperaba prendas de inspiración artesanal y siluetas más libres.
Desde entonces, el zueco ha vivido distintos ciclos de popularidad, adaptándose a las obsesiones estéticas de cada generación.
En los noventa regresó con una línea más sencilla y unisex, vinculada a la juventud grunge, aunque al final de la década adquirió una versión mucho más sofisticada y exuberante de la mano de Dior y sus zuecos de tacón.
Y en 2010 llegó otro de sus grandes momentos.
Chanel llevó a la pasarela una versión de plataforma adornada con flores y detalles inspirados en la artesanía, mientras la prescriptora Alexa Chung los convirtió en objeto de deseo al llevarlos en la portada británica de Vogue.
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