Uruguay y la democracia sin estridencias
Volví de Uruguay con la grata impresión de que allí la democracia todavía puede vivirse sin estridencias.
No es un país libre de tensiones, pero sus dirigentes parecen entender que ninguna diferencia justifica destruir las reglas que les permiten convivir.
Esa normalidad rara vez produce titulares y, quizá por eso mismo, merece nuestra atención.
Pocos días después de mi visita, leí en El País de Montevideo un editorial titulado «¿Quiénes son los nuestros?».
Su pregunta me dejó pensando y terminó por impulsar estas líneas.
El texto proponía reconocer a los demócratas por su conducta ante la derrota, incluso cuando esa conducta tiene un costo personal.
Es una medida exigente.
Resulta fácil invocar la libertad cuando se gana.
Defenderla cuando obliga a ceder el poder revela la profundidad de nuestras convicciones.
Esa reflexión había comenzado durante el coloquio del Centro de Estudios para el Desarrollo sobre el nuevo escenario político de América Latina .
Continuó en mis conversaciones con profesores y estudiantes de la Universidad ORT , en el reencuentro con Luis Lacalle Pou y durante mi visita a Julio María Sanguinetti .
Fueron diálogos distintos, unidos por una convicción acerca del carácter temporal del poder, la legitimidad del adversario y el deber de preservar instituciones que pertenecen a todos.
En Uruguay, además, esa convicción tiene una expresión cotidiana.
Sus líderes caminan por las calles y conversan con la gente sin la parafernalia que suele rodear al poder.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.infobae.com — el contenido pertenece a Infobae América.