Pacto de la Meca: giro copernicano
Que el principal exportador de petróleo del mundo, el único país musulmán con armas nucleares y el segundo ejército más grande de la OTAN se hayan unido en una alianza militar que replica la cláusula 5 de la Alianza Atlántica –“cualquier ataque armado contra cualquiera de los tres Estados será considerado un ataque contra todos ellos”- es, en principio, una bomba geopolítica.
Arabia Saudita , Pakistán y Turquía han firmado el llamado “Pacto de la Meca” , y su sola formulación dinamita los equilibrios de poder en la región.
Es cierto que, al no haberse publicado aún el texto completo del acuerdo, y teniendo en cuenta la disparidad de intereses de los tres países, no podemos saber si se trata de una bomba cargada o está hueca.
Pero es evidente que algo está moviéndose en el gran tablero de Oriente Medio, y no se mueve en la dirección prevista hasta ahora, Acuerdos de Abraham mediante.
La primera cuestión es precisamente esa: ¿el Pacto de la Meca dinamita los Acuerdos de Abraham? Es decir, ¿congela el ambicioso proyecto de Estados Unidos de diseñar un Oriente Medio sellado por el gran acuerdo de Israel con Arabia Saudita, como culminación de los primeros acuerdos que impulsó Trump en su primer mandato? Sin duda, lo vacia de contenido, porque anula la premisa fundamental de Abraham: el papel de Israel en la garantía de seguridad de la región .
Además, es un pacto con Turquía, que mantiene una posición beligerante permanente contra Israel, y con Pakistán, país que no reconoce la existencia del estado hebreo.
De esta manera, sumándose al arsenal nuclear de Pakistán y al poderío militar turco, el país de los Saud ha encontrado una vía alternativa para garantizar su seguridad, impulsar su economía y consolidar su liderazgo regional, reforzando su independencia estratégica.
Se trata, pues, de una nueva arquitectura militar y geopolítica que cambia drásticamente las reglas de juego, con dos bloques en competencia directa: el de los Acuerdos de Abraham de Estados Unidos e Israel con Emiratos , Bahrein y Marruecos ; y el de la alianza sunita e islámica del Pacto de la Meca que evita el eje USA-Israel como garante de la seguridad.
El Pacto de la Meca también rompe el esquema del bypass a Israel, el corredor comercial IMEC (Índia-Oriente Medio-Europa) que planteaba el transporte comercial en tren desde Riad a Haifa, para conectar con Europa.
Al contrario, el nuevo pacto prevee que las mercancías conecten directamente con Europa por tierra, a través de Jordania , Siria y Turquía .
El mensaje, pues, es contundente: Israel no está en la ecuación, ni en lo militar, ni en lo comercial .
Tampoco Estados Unidos en la medida en que lo estaba, porque pierde influencia real y deja de ser el paragüas impenetrable que garantizaba la seguridad en la región.
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