La pista de baile salvó a Madonna. Luego, ella la expandió para todos
Madonna se mudó a la ciudad de Nueva York para ser bailarina.
Por supuesto, su talento artístico se convirtió en algo mucho más grande.
Pero nunca dejó de usar la danza para marcar su camino.
Gran parte del universo escénico de Madonna se ha centrado en la reinvención: a través del cabello y el maquillaje, las transformaciones de vestuario, los escenarios y la escenografía.
Sin embargo, lo que ha perdurado es la fluidez arraigada de su cuerpo.
Su canto es electrizante, su voz activista resuena con fuerza.
No obstante, su cuerpo es la fuerza primordial que lo sustenta todo: inagotablemente vivo, con un pulso interno valiente y dinámico.
La danza, su primer amor, es la parte más natural de su arte, su base, su lugar de culto.
Al verla moverse sin música, como revelan estos clips, se puede apreciar la suspensión en su cuerpo, la facilidad con la que puede desplazar su peso, la tensión de su cadena muscular.
Su baile, un tapiz coreografiado de club, ballet, jazz y danza moderna, no es ni una herramienta ni un accesorio.
Es una fuerza inquebrantable en su vida como artista.
Pero Madonna, quien cumple 68 años el 16 de agosto, nunca ha bailado solo para sí misma.
Quiere que todos vivan según la verdad emocional de la danza: ese ha sido siempre su desafío más transparente.
El desafío comenzó con el video de "Everybody" (1982), filmado en el Paradise Garage de Manhattan.
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