La “recesión de la amistad”: por qué cada vez cuesta más sostener los vínculos y hacer nuevos amigos
Durante décadas, la soledad ocupó un lugar marginal en la agenda de salud pública, asociada casi exclusivamente a la vejez.
Meses atrás, la Comisión sobre Conexión Social de la Organización Mundial de la Salud publicó su primer informe mundial sobre el tema, que reveló que una de cada seis personas a escala global atraviesa esta problemática.
El documento estableció que entre 2014 y 2019 la soledad se asoció a más de 871.000 muertes anuales , el equivalente a cien muertes por hora, y que el aislamiento social eleva en un 32 por ciento el riesgo de muerte prematura , la soledad en un 14 por ciento y vivir solo en un 28 por ciento.
Leé también: Por qué los médicos hablan cada vez más de la soledad como si fuera una enfermedad La literatura académica describe el fenómeno de fondo con un concepto específico: la recesión de la amistad .
Un estudio publicado en la revista Estudios del Desarrollo Social examina la evolución de la amistad a lo largo del curso de vida y analiza cómo factores estructurales, entre ellos la mayor movilidad geográfica, el retraso en el matrimonio y la paternidad, y el aumento de la jornada laboral, inciden en la disminución de los contactos entre amigos.
El trabajo respalda una premisa que distintos organismos retoman: la soledad se asocia a mayor riesgo de depresión, problemas físicos y mortalidad precoz .
En esa línea, el metaanálisis de referencia sobre el tema, publicado en 2015 en Perspectives on Psychological Science por un equipo liderado por Julianne Holt-Lunstad, había establecido que el aislamiento social y la soledad elevan entre un 26 y un 32 por ciento la probabilidad de mortalidad.
Estar solo y sentirse solo Para la psiquiatría, no toda soledad implica sufrimiento .
La doctora Patricia O’Donnell, médica psiquiatra y miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y de la International Psychoanalytic Association (IPA), distingue entre la soledad elegida, o solitude, y la soledad padecida, o loneliness.
No toda soledad implica sufrimiento: la psiquiatría distingue entre la elegida y la padecida. (Foto: Adobe Stock) “La soledad es una experiencia subjetiva.
La persona puede estar rodeada por una estructura familiar, amigos y afectos cercanos y, sin embargo, sentirse muy solo”, explica O’Donnell, y recuerda que el psicoanalista inglés Donald Winnicott consideraba la capacidad de estar solo en presencia de otro como un signo de madurez del desarrollo afectivo .
La soledad elegida, señala, puede ser “una experiencia rica, inspiradora y creativa, buscada como fuente necesaria para un desarrollo espiritual, artístico o intelectual”.
La padecida, en cambio, “acompañada por estados de tristeza y desamparo, llega a provocar un gran dolor” y puede desencadenar depresión, ansiedad y mayor riesgo de demencia .
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