La trágica historia de Laika, la perra que viajó al Espacio: la URSS sabía que no volvería y ocultó el secreto durante 45 años
Tuvo mala suerte.
Tuvo el mal destino de nacer y crecer, lo poco que duró su vida, en aquello que llamaban “paraíso comunista” y que manejaba con mano de hierro Nikita Khrushchev casi a finales de la década del 50: una mano de hierro que al lado de la de su antecesor, José Stalin , era un guante de seda.
Laika no era comunista, ni mucho menos: los perritos suelen pasar de largo por esas vanas y tan transitorias pasiones humanas.
Un perrito, comunista, capitalista, ruso, o guatemalteco, busca poco y nada: agua fresca, comida sana, una rascada de panza de vez en vez.
A cambio, te miran como para que no te olvides nunca.
Se conforman con nada porque así fue desde aquel miércoles de las cavernas, cuando el primer lobo lo pensó mejor y se dijo yo me quedo en esta cueva y con esta gente.
Leé también: Belka y Strelka, las perras espaciales de la Unión Soviética que siguen siendo admiradas por los rusos La perra Laika sería famosa en todo el mundo, pero a costa de su vida.
Fue el primer ser viviente en viajar y en morir en el espacio exterior .
Era una perra de las mal llamadas callejeras, todos los perritos lo son, a la que habían llamado “Kudryavka” , que en ruso significa “Rulitos”, porque los tenía.
Pero los científicos, los ingenieros espaciales y los capitostes soviéticos de la entonces naciente carrera espacial le cambiaron el nombre por Laika, que quiere decir “ladradora”, que también lo era.
La entrenaron junto a otros dos perros en los avatares todavía desconocidos del espacio, la convirtieron de perrita en conejo de indias.
Nadie sabía entonces cuáles serían los efectos que los vuelos espaciales podían provocar en los seres vivos, y la idea era que las naves espaciales del futuro fuesen piloteadas por seres humanos.
Laika, durante los preparativos para la misión que la llevó al espacio en 1957. (Foto: AFP) Pero la tecnología suborbital todavía no se había desarrollado; esa tecnología abarcaba a los vehículos y sistemas que superaban los cien kilómetros de altura y llegaban al espacio exterior, sin la velocidad suficiente para orbitar la Tierra, así que regresaban irremediables a la superficie.
En aquel mundo espacial, todo estaba en pañales.
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