El camino a ser un país normal tendrá un costo
Argentina atraviesa lo que suele describirse como una economía “a dos velocidades”.
Pero detrás de esa imagen hay dos fenómenos distintos: uno de largo plazo y otro más reciente.
Durante más de 90 años, la economía argentina acumuló distorsiones, regulaciones, privilegios y crisis recurrentes.
El aparato productivo se adaptó para sobrevivir en ese contexto.
Desde 2023, los argentinos decidimos iniciar un camino hacia una economía más normal.
Y es evidente que la estructura productiva que aprendió a funcionar en la anormalidad no necesariamente será la misma que resulte viable en un escenario de mayor estabilidad .
Durante décadas hubo sectores que crecieron al amparo de protecciones, barreras o beneficios creados por funcionarios.
Esos incentivos generaron rentabilidades artificiales y orientaron capital y esfuerzo hacia actividades que, en condiciones normales, quizás nunca hubieran existido en esa escala.
El costo en bienestar económico lo pagó la sociedad, mediante precios más altos, menor calidad y menos competencia.
Desde 2023, los argentinos decidimos iniciar un camino hacia una economía más normal Frente a la normalización, esas actividades tienen dos caminos: invertir para ganar productividad y competir, o reducirse.
No se trata de castigar empresas ni trabajadores, sino de reconocer que una economía sostenible no puede basarse indefinidamente en privilegios financiados por el consumidor.
Al mismo tiempo, surgirán nuevas oportunidades.
Argentina llega a esta etapa empobrecida y subinvertida, especialmente en servicios.
Cuando una familia pierde ingresos, concentra su gasto en lo básico y posterga lo prescindible.
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