Antes de liberar a América, San Martín derribó un gobierno: la madrugada que cambió el rumbo de la Revolución
Buenos Aires amaneció el 8 de octubre de 1812 con regimientos formados frente al Cabildo y cañones apostados en las bocacalles .
Hacía solo siete meses que un teniente coronel de 34 años había bajado de una fragata inglesa en el puerto, tras dos décadas de servicio en el ejército español.
Nadie en la plaza lo conocía demasiado.
Lo que ocurrió esa mañana lo convirtió en algo más que un militar de carrera: sin ocupar cargo alguno, José de San Martín acababa de derribar a un gobierno .
Se trataba del Primer Triunvirato que, formado por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso, gobernaba desde el 23 de septiembre de 1811, aunque el poder real -nada nuevo en la historia argentina- no estaba en manos de ninguno de los tres, sino en las de uno de sus secretarios, Bernardino Rivadavia.
Rivadavia le imprimió a la gestión una orientación vacilante y represiva.
Era un gobierno conservador, que miraba con recelo cualquier paso hacia la independencia y que llevaba más de un año sin definir hacia dónde iba la Revolución iniciada en Mayo.
En ese clima desembarcaron, a comienzos de marzo de 1812, San Martín y Carlos María de Alvear, oficiales criollos formados en Europa .
El Triunvirato les reconoció sus grados y a San Martín le encargó organizar un escuadrón de Granaderos a Caballo.
Esa misma fuerza formaría, meses más tarde, entre las tropas que derribarían al gobierno que la había creado.
Porque los recién llegados no tardaron en encontrar aliados.
Fundaron la Logia Lautaro y se sumaron a la Sociedad Patriótica , que animaba Bernardo de Monteagudo.
Ambos grupos coincidían en lo esencial: había que organizar un ejército para la libertad, declarar la independencia y sacar del medio a un gobierno que lo impedía.
La chispa llegó desde el norte.
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