Pudo ser campeón mundial de Fórmula 1, estaba de vacaciones y la tragedia se cruzó en su vida: el piloto que amaba el riesgo
“¿El futuro? El futuro es para otras personas”.
Muchos lo recuerdan aquel domingo 15 de enero de 1978.
Argentina estaba en la recta final rumbo al Mundial de fútbol que comenzaría el 1° de junio con Alemania-Polonia.
Se corría el Gran Premio de Fórmula 1 en el entonces llamado Autódromo Municipal.
El circuito era el N° 15, de casi seis kilómetros de extensión.
La competencia constaba de 52 vueltas, sobre un total de recorrido de 309,296 kilómetros y el promedio de giro oscilaba en 1m49s.
Con el Tyrrell Ford con el número 4, el francés Patrick Depailler , un personaje peculiar de la máxima categoría.
Salió del curvón Salotto detrás de su compañero de equipo y compatriota, Didier Pironi, y del McLaren del estadounidense Brett Langer.
Y en un trencito, chupados, empezaron a transitar por la recta del lago, la más larga del trazado.
De pronto, Langer se movió hacia el centro para sobrepasar a Pironi y lo perdió de vista a Depailler.
Cuando reaccionó, fue tarde: “Depay” fue más abierto aún y los pasó a ambos en la misma maniobra, para llegar adelante a la chicana de Ascari.
Una delicia para los amantes de la F1.
Sí, muy parecida a la acción que apenas seis meses más tarde Carlos Reutemann , con Ferrari, realizó sobre el Brabham de Niki Lauda (con el McLaren de Bruno Giacomelli en el medio) para saltar a la punta y ganar en Brands Hatch.
Y también a la que concretó esta temporada Franco Colapinto en Spa Francorchamps con Pierre Gasly y Liam Lawson.
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